El políglota de cara amable

27.02.2016 | 01:55

Zurich, O. G.

Gianni Infantino da el salto desde la UEFA a la cúspide mundial refrendado por el apoyo de jugadores, entrenadores y las dos confederaciones más poderosas del planeta, la europea y la sudamericana.

Nacido en Brig (Suiza) el 23 de marzo de 1970, Infantino ha sido el rostro amable de la UEFA, el simpático conductor de los sorteos de la Champions que trataba de hacer comprensibles los numerosos condicionantes de la primera fase y que, una vez descartado Michel Platini, por su inhabilitación, dio el paso al frente para liderar la reconstrucción de la FIFA.

Políglota -habla perfectamente inglés, español, francés, italiano y alemán- y cercano al fútbol español tras su etapa como "becario" en la Liga de Fútbol Profesional, el nuevo presidente de la FIFA llega avalado por la implantación del "Fair Play" financiero, que introdujo el control económico en los clubes europeos, o por la expansión de la Eurocopa a 24 selecciones, idea que trata de trasladar al Mundial con un total de 40 equipos.

Pero, sobre todo, tiene tras de sí el apoyo de la gente del fútbol. Luis Figo, Roberto Carlos, Fernando Hierro, Samuel Eto'o y Cafú han reforzado su campaña, lo mismo que entrenadores como Capello, Mourinho o Ferguson, además de las federaciones europeas y americanas.

Ese mismo apoyo de los grandes fue su lastre, porque en el lado contrario se le percibió como el candidato del "statu quo"; otro suizo -nacido apenas a 10 kilómetros del pueblo natal de Blatter- que fue fiel hasta el último momento a Michel Platini, el otro ilustre imputado.

Ahora, Infantino tiene por delante la tarea de llevar a buen puerto la mayor reestructuración que ha sufrido la FIFA en toda su historia, unos cambios que deben acallar las críticas de corrupción, que deben apagar el fuego encendido entorno a la elección de Rusia y Catar como sedes de las Copas del Mundo de 2018 y de 2022, respectivamente, y que, de forma casi inmediata, deben volver a atraer patrocinadores, porque la FIFA ha anunciado que cierra el ejercicio 2015 con pérdidas por primera vez desde 2002.

La FIFA abrió ayer una nueva era en la que, comandada por el suizo Gianni Infantino espera recuperar la credibilidad perdida en los últimos meses por los escándalos de corrupción que forzaron a la dimisión a Joseph Blatter.

Infantino ya fue el más votado en la primera ronda, al sumar 88 votos por los 85 del jeque bareiní Salman bin Ebrahim Al Khalifa, los 7 del francés Jerome Champagne y los 27 el Príncipe jordano Alí Bin Al Hussein. Para ser elegido se necesitaban al menos 104 de los 207 votos e Infantino los sumó a la segunda oportunidad: 115, entre ellos el de la Federación Española, mientras Al Khaifa seguía en 88, el Príncipe Alí se quedaba en 4 y Champagne perdía todos los apoyos. Con esos resultados Infantino se convertía en el noveno presidente de la institución y en el sucesor de Blatter, tan sólo nueve meses después de que éste obtuviese su quinta reelección.

La elección, casi seis horas después de que el Congreso aprobase "de forma íntegra" los cambios propuestos por el Comité de Reformas, impone al nuevo presidente la tarea de liderar la renovación de una institución que necesita de forma urgente limpiar su imagen para evitar la fuga de patrocinadores.

De la importancia de una votación que se preveía incierta hasta el final hablaron los movimientos que hicieron los candidatos favoritos hasta el último minuto, perdiendo Al Khalifa una primera batalla cuando se acordaba dejar si voto a Kuwait e Indonesia, dos federaciones asiáticas suspendidas por injerencias gubernamentales y que supuestamente debían apoyar al jeque de Baréin.

Durante el turno de alocución de los candidatos Al Khalifa atacó directamente a su máximo rival, Infantino, a quien sin nombrar le acusó de prometer imposibles dada la situación financiera de la Federación. "No voy a hipotecar la FIFA para conseguir votos", dijo.

En su respuesta, Infantino exhibió su facilidad para los idiomas, con un mensaje que comenzó en italiano y fue cambiando al alemán, francés, español, inglés e, incluso, un poco de portugués. "Durante mis siete años en la UEFA, se triplicaron los ingresos de la UEFA, cuando hablo de cifras, creánme. Si la FIFA genera 5000 millones ¿por qué no se pueden distribuir 1200 millones?", destacó el suizo.

El foco de atención, sin embargo, se lo robó el sudafricano Tokyo Sexwale, el candidato al que no apoyaba ni la Confederación Africana, que tras decir que no se retiraba "porque un soldado muere con las botas puestas", consumió 13 minutos de alocución explicando su programa, antes de anunciar que no concurriría a la elección.

"Si gana Gianni hago una fiesta, si es el jeque Salman, hago fiesta. Si lo hace Jerome Champagne o lo hace el príncipe Alí también hago fiesta. Es lo que decía Neymar el otro día ¿no?", aseguró provocando las risas del Congreso.

El resto de candidatos se mantuvo tras la primera elección, que prácticamente descartó a Champagne (7 votos) y al Príncipe Alí (27). Infantino se rearmó de moral al quedar primero con 88 votos, 3 más que Al Khalifa, el favorito en las casas de apuestas al tener el apoyo asiático y africano, que suponían 98 votos, pero que no pudo evitar la fuga de algunos sufragios. Y en el juego de pactos Infantino sumó en la segunda ronda los adeptos que necesitaba para superar con holgura la mayoría simple que necesita.

Su llegada a la presidencia de la FIFA, con 45 años, hace que respire el fútbol europeo, que temía un cambio de eje ante la emergencia asiática, y le sienta bien a Sudamérica, que apostó en bloque por el candidato suizo pese a las dudas de alguna federación como la brasileña.

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