Carlos Castro sí tuvo una segunda oportunidad

21.03.2016 | 01:45

Los últimos diez minutos del partido del sábado en El Molinón demostraron al Sporting cual es el camino a seguir. En vez de las lamentaciones y las pataletas, de insistir en conspiraciones, optó por el esfuerzo, el convencimiento y el fútbol. Puede ser que el árbitro se equivocase en la jugada de la falta que ponía al equipo de Abelardo ante un auténtico Everest: marcarle dos goles en poco más de un tiempo al equipo que había recibido 12 en 29 partidos. Pero cuesta imaginar un error arbitral de la magnitud del de Carlos Castro, capaz de estampar el balón en el larguero ante la inmensidad de la puerta vacía del Atlético. Y, sin embargo, a cuenta de lo que ocurrió después, Castro es en estos momentos un ídolo del sportinguismo, en lugar de alguien sospechoso de conspirar contra la permanencia del equipo en Primera División. Así es el fútbol, un juego de errores en el que los árbitros son los únicos que no tienen defensa. En parte por su culpa, por esa reglamentación que les prohibe explicar con toda naturalidad sus patinazos. Pero ellos, a diferencia de Carlos Castro o cualquier futbolista, nunca tienen una segunda oportunidad.

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