El derbi de Chapacú

Hicks acabó de ganarse a la hinchada del Oviedo con el gol de la victoria frente al Sporting en marzo de 1990, tres meses antes de abandonar el club azul

11.05.2016 | 18:44
El derbi de Chapacú
Tres imágenes de Hicks en el Oviedo-Sporting de la temporada 1989-90: a la izquierda, reclama una falta, con Luis Sierra detrás; a la derecha, arriba, celebra su gol con Rivas, Carlos y otros compañeros, y abajo, arrodillado en el césped junto al árbitro, Soriano Aladrén.

Ramón Ángel Hicks Cáceres (Asunción, Paraguay, 30 de mayo de 1959) sólo estuvo tres años en el Oviedo, pero dejó huella. No es de esas personas que dejan indiferente, ni en un campo de fútbol ni en la calle. Y, además, fue uno de los protagonistas del cambio de ciclo que sacó al club del pozo de la Segunda después de doce años. Formó con Carlos una delantera temida por los rivales y celebrada por la afición del Tartiere. El cambio de entrenador, con la llegada de Javier Irureta, acortó su etapa en Asturias. Tres meses antes de marcharse vivió uno de los momentos más felices, al marcar el gol del triunfo en un derbi contra el Sporting. Lo que le faltaba a "Chapacú", el apodo que adoptó en Oviedo, para hacerse un pequeño hueco en la historia del club.

A la hora de hacer la plantilla 1987-88, que acabaría siendo la del ascenso, Vicente Miera se fijó en un delantero peleón y habilidoso del Sabadell. "Me llamaban el llanero solitario", explica Hicks aludiendo a la forma de jugar de aquel equipo, al que ayudó a mantenerse en Primera. Aunque venir al Oviedo era bajar un escalón, el proyecto le sonó bien: "Estaba jugando la Copa América y me llamaron para decirme que Miera me quería. Conocía a Carlos, de haber jugado contra él, y sabía que iban hacer un equipo para ascender".

Desde la pretemporada pudo comprobar que había materia prima para conseguirlo y que él iba a ser importante: "Yo era muy abrelatas. Me fajaba con los defensas y dejaba huecos para Carlos, Juliá o Thompson". Ya en los primeros partidos, la afición del Tartiere animó a Hicks con un apodo que tuvo éxito en el vestuario: "En aquella época había un tenista paraguayo, Chapacú, al que animaba en una eliminatoria de Copa Davis contra España. Así que todos empezaron a llamarme así. En guaraní significa cacique".

Hicks da las claves del ascenso: "Éramos fuertes en el Tartiere, casi imbatibles, y jugábamos muy bien al contragolpe. Fuera no nos arrugábamos, éramos un equipo preparado para ir a la guerra, como demostramos en Mallorca". De la previa, el partido y la posterior celebración, a Hicks le vienen muchas imágenes a la cabeza: "La colleja que le pegaron a Miera, con lo buena persona que era, al entrar al campo. El recibimiento en Ranón y las tres horas y media que tardamos en llegar fueron impresionantes".

En las dos siguientes temporadas, en Primera División, Hicks disfrutó a lo grande: "Se notaba que el Oviedo era un club con historia y que arrastraba a mucha gente. Nunca disfruté tanto como con la afición del viejo Tartiere, con los chiribís en el fondo. La gente te podía tocar".

Le hubiese gustado juntarse con ellos aquel 11 de marzo de 1990, después de marcar el único gol del derbi frente al Sporting: "Me quedó grabado ese gol porque los asturianos viven con mucha pasión la rivalidad. Si no marcas al Sporting, no quedas en la historia". A falta de nueve jornadas para el final de la Liga, la victoria también aseguraba la primacía regional del Oviedo, que sumaba 32 puntos, por los 24 del Sporting. En realidad fue la última gran alegría de Hicks con la camiseta azul.

"Nada más llegar, Irureta me dijo que no quería una estrella, sino once", señala ahora en referencia a su mala sintonía con el sustituto de Miera: "A Jabo no le caíamos bien los sudamericanos. Por lo visto había tenido un problema con Ruggieri en el Logroñés". La llegada de Sarriugarte, un fichaje de Irureta, combinada con una pubalgia precipitó su salida: "Siempre le buscaba sitio a Sarriugarte, pero cuando salía yo solía marcar o dar asistencias. La gente estaba conmigo y, si no llega a ser por el entrenador, me hubiese quedado en Oviedo toda la vida".

Hicks cerró su etapa en el fútbol español en el Elche, donde sólo jugó ocho partidos en Segunda División, y volvió a Sudamérica para acabar su carrera profesional en el Independiente de Argentina. "Pero siempre pensando en volver", dice sobre su pasión por Oviedo y por el Oviedo. "Cada lunes recibo un montón de correos comentándome la marcha del equipo. Estoy un poco confundido con lo que ha ocurrido últimamente, pero cuando vuelva espero encontrarme al Oviedín en Primera".

Mantiene el contacto con excompañeros como Carlos, Vili y Tocornal, pero se siente un olvidado por los dirigentes actuales: "Nadie me invitó a los actos de los 90 años". Mientras tanto sigue vinculado de alguna manera al fútbol con un programa en una cadena de televisión de su país sobre fútbol formativo.

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