Periodista de la Cadena Ser

Crecer con Abelardo

18.05.2016 | 02:06
Crecer con Abelardo

El Sporting ha vivido los últimos años en un estado de feliz supervivencia. Pedro Santa Cecilia recordó, en las redes sociales, su debut con el primer equipo hace ya más de una década: "Cuando debuté, allá por 2005, en el Molinón el ambiente era desangelado, la gente desencantada con un equipo a la deriva y unos futbolistas y una afición que no se identificaba con el club. Después de la llegada de Manolo todos sabemos lo que pasó, ese es su legado". Al leerle me di cuenta de que había borrado de mi memoria aquellos partidos fríos de Segunda, con las gradas semivacías, con muchos pitos y pocos aplausos. Mis recuerdos alcanzan solo aquella inolvidable temporada 2007-2008, si acaso la del "casi" de Marcelino. Desde entonces, todas las campañas han tenido emoción, con mejor o peor final, pero nunca se ha vuelto a vivir una desconexión semejante a la de finales de los noventa.

Me emocionó ver a Lora en televisión con una camiseta de recuerdo para Manolo Preciado y Alejo Caso. Uno, cántabro de nacimiento, sportinguista de adopción, enamoró y se enamoró del ambiente rojiblanco de una ciudad, de media región. El otro representa el sentimiento de toda la vida, la entrega completa a un club. Lora es uno de los futbolistas que debutó en aquellos años del cambio. Y, como escribió Pedro, de su camiseta se puede sacar un mensaje: Es su '"legado". Por suerte para todos, Abelardo tomó las riendas del proyecto y obró dos milagros. Porque Abelardo representa la continuidad de esa ilusión, de esa comunión con la grada, de esa identificación con el sportinguismo de toda la vida. Abelardo acogió a Sergio Álvarez cuando, apartado del primer equipo, encontró hueco y cariño en su filial. Construyó un futbolista, Jony, del que disfrutarán muchos años en Primera. Mimó a Meré, como si se viera reflejado en él. Ojalá el 'Pitu' continúe mucho tiempo, porque las posibilidades de consolidación y crecimiento se construyen desde la estabilidad del banquillo. Y, el banquillo, tiene que ser obligatoriamente de Abelardo. Y Abelardo también que construir su legado.

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