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Periodista del diario "Sport"

El Ferguson del Sporting

Sobre el papel de Abelardo en el club tras protagonizar el milagro de la permanencia

18.05.2016 | 02:06
El Ferguson del Sporting

Pasados ya unos días, y mientras algunos gurús de la prensa siguen sin digerir que el Sporting se haya salvado a costa de dos equipos de Madrid, es momento de disfrutar de un éxito que, visto desde la perspectiva de los kilómetros, es aún más meritorio. Y de repasar algunos nombres que quedarán para el recuerdo, como los de Jorge Meré (enorme trabajo el suyo) y Luis Hernández, o el del incombustible Sergio Álvarez. También los goles salvadores de Carlos Castro y el talento dosificado de Halilovic.

Pero en el segundo milagro del Sporting, una figura se eleva por encima del resto: es la de Abelardo, el líder de un equipo teóricamente condenado al descenso y que supo sobreponerse a su destino. La imagen del míster, manteado por sus jugadores, resume lo que ha sido la temporada del Sporting y, de paso, invita a hacerse algunas preguntas. ¿Hubiera sido posible salvar la categoría con otro entrenador? ¿Realmente la plantilla estaba entre las tres peores de Primera?

El entrenador cometió errores, especialmente cuando a mitad de curso pareció bajar los brazos restándole valor a la plantilla, asegurando que salvarse era poco menos que una quimera (hay cosas que, siendo ciertas, conviene no exponer en público), pero su capacidad para tirar del equipo y representar al club tiene un valor incalculable. Hubo momentos en los que Abelardo pareció tener que asumir el papel de entrenador, secretario técnico, portavoz e incluso presidente, como si todo el club dependiese de su figura. O peor aún, como si un abismo se abriese entre Abelardo y los despachos de la zona noble. Ese abismo no ha desaparecido, pero ahora hay tiempo de salvarlo.

Pensar en que Abelardo pueda convertirse en el Alex Ferguson del Sporting es utópico, pero hay utopías que nacen disfrazadas de sueño y acaban por convertirse en realidad. Los ciclos del fútbol cada vez se acortan más y la exigencia de la Primera División desgasta más que nunca, pero sería una gran noticia que Abelardo lograse estabilizarse en el banquillo de El Molinón durante varias temporadas.

Sería imperdonable no aprovechar esta dinámica para consolidar al Sporting en Primera de una vez por todas: sanear las cuentas, elegir un estilo concreto de fútbol, obligarse a mirar a la cantera, ser muy cuidadoso en los fichajes y recurrir a las cesiones cuando se trate de futbolistas interesantes (Halilovic y Sanabria difícilmente olvidarán su etapa en Gijón), aclarar dónde empieza el trabajo del secretario técnico y dónde el del entrenador y reforzar los vínculos entre la afición y el equipo, uno de los grandes valores de este club. Ahora se trata de formar un Sporting más unido y menos cainita. Si el club, como dice Abelardo, es como una familia, procuremos quedarnos con lo bueno de la familia, que nunca falla en los momentos decisivos, y aparcar poco a poco lo menos bueno: las disputas internas, las filias y fobias. Eso, para los que aspiran a ganar la Liga, para los que no saben apreciar el valor de seguir un año más entre los mejores.

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