10 de julio de 2016
10.07.2016

La bala roja

Bruno Hortelano hace historia como primer velocista español en una gran final, siendo cuarto en el hectómetro y oro en los 200

10.07.2016 | 04:15
Bruno Hortelano, en el centro, tras cruzar la meta en la final de los 200 metros del Campeonato de Europa.

José Antonio DIEGO

Metódico, dueño de una gran fuerza mental para concentrarse en su carrera sin preocuparse de los rivales, Bruno Hortelano ha irrumpido en el sector de la velocidad española para sacudir telarañas, desterrar complejos y probar que un español puede plantar cara a los mejores esprinters del mundo.

Nunca un atleta español había disputado una gran final -olímpica, mundial o europea- de 100 ó 200 metros. En el Olímpico de Amsterdam Bruno ha estado en las dos, y no como comparsa: cuarto el jueves en la final del hectómetro, y oro el viernes en los 200 tras la descalificación del holandés Churandy Martina por salirse de calle.

Desde el 2010, cuando se decidió por la selección española, atendiendo la petición de la Federación para competir en el Mundial júnior, Bruno Hortelano, nacido hace 24 años en Wollongong (Australia) de padres españoles (Gonzalo y Pilar) ha roto clichés y arrumbado tópicos.

Hortelano, que no se siente inferior a los velocistas caribeños por mucho que diga la genética, cubrió la final del hectómetro en 10.12, su tercera mejor marca de siempre. Catorce días antes, en el mitin de Madrid, había hecho las dos mejores, primero 10.08 en semifinales y luego 10.06 en la final, con récord de España en ambos casos.

En la final europea del hectómetro sólo ha cedido ante tres velocistas de raza negra: Churandy Martina, que dio la sorpresa al vencer con 10.07, el turco nacido en Jamaica Jak Harvey (10.07), y del favorito, el francés Jimmy Vicaut (10.08). Hora y media antes ya había hecho historia al convertirse, con un crono de 10.22, en el primer atleta español que se metía en una final de 100 metros en alta competición.

Bruno se veía "capaz de volar" en 100 metros, pero la medalla, la primera de un velocista español en alta competición, ha caído en el 200, su prueba preferida, la distancia que se adapta mejor a sus condiciones físicas.

Educado deportivamente en el ambiente extremadamente competitivo de la universidad estadounidense -"somos muchos estudiantes y todos queremos ganar", explica-, está habituado a competir con velocistas a punto de dar el salto a la escena internacional y aspira a convertirse en el segundo atleta blanco que rompe la barrera de los 10 segundos.

A lo largo de la historia sólo 111 han derribado ese muro que delimita el club de los grandes y entre ellos sólo uno de raza blanca: el francés Christophe Lemaitre, que lo ha hecho cuatro veces, con una mejor marca de 9.92. También uno de raza amarilla: el chino Su Bingtian.

Bruno está considerado un corredor de 200, sin la musculatura explosiva de los pesos pesados del esprint, de los que necesitan media pista para alcanzar su velocidad de crucero. Con 181 centímetros de estatura y 72 kilos su aspecto es bien distinto al de los musculosos velocistas jamaicanos y estadounidenses que dominan la lista mundial de todos los tiempos (Usain Bolt, Tyson Gay, Yohan Blake, Asafa Powell, Justin Gatlin), y parece más adecuado para el 200, prueba en la que también tiene los récords de España tanto al aire libre (20.47) como bajo techo (20.75).

Su figura adquirió renombre en los Mundiales de Moscú, donde, el 16 de agosto de 2013, cuando con 21 años se metió en las semifinales de 200 con un nuevo récord de España (20.47), dándose el lujo anecdótico de ser más rápido que Usain Bolt (20.66) en la primera ronda. El jamaicano luego ganó tres oros, incluido el del doble hectómetro, en esos campeonatos.

Exigencias del trabajo de sus padres, biólogos moleculares, convirtieron a Hortelano en un trotamundos. Nacido en Australia, criado en Canadá y formado, académica y deportivamente, en la Universidad de Cornell (Nueva York), donde ha finalizado sus estudios de ingeniería biológica e iniciado los de medicina.

Cuando se le pregunta sobre su condición de trotamundos, no tiene dudas: "Me considero totalmente español. Nací en Australia y nos fuimos directamente a Canadá, pero mi familia es toda española".

Y a un mes de los Juegos se le presenta ahora una duda. "A los 200 iré seguro y a los 100 me lo voy a pensar", apunta.

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