18 de agosto de 2016
18.08.2016
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Un chico majo en Las Mestas

Además de su calidad como atleta, Orlando Ortega dejó una imagen de normalidad en Gijón

18.08.2016 | 05:03
Orlando Ortega celebra su victoria en el Campeonato de España, en Gijón.

Una fuerte ovación resonó en el estadio gijonés de Las Mestas en el pasado Campeonato de España de atletismo, en julio, cuando el vallista Orlando Ortega cruzaba la línea de meta batía el récord de los Campeonatos de los 110 metros vallas y saludaba a un público que con el aplauso le deseaba lo mejor para Río. Un aplauso sin la fuerza del sentimiento que recibió al ausente Bruno Hortelano, y que era una recompensa a su clase más allá de nacionalidades.

En la cámara de llamadas, Ortega había hablado con los voluntarios asturianos, donde dejó una imagen de chico majo, nada divo y a años luz de lo que muchos presuponen que podía ser un potencial medallista olímpico, un deseo hecho realidad en la madrugada del miércoles. Orlando es cubano, como lo es Aliuska López, que con su vitola de finalista olímpica vino a Asturias a allanar obstáculos en su vida, y donde aún reside.

Orlando Ortega fichó por el Ontynient, un club de provincias de Valencia. Ni por el mejor, ni por el más grande. Tuvo que salvar las reticencias de los vallistas españoles, a los que no les falta razón cuando sostienen que su nivel no representa el atletismo nacional . Una historia análoga a la prima del saltador Iván Pedroso cuando fichó por el Oviedo. Acabada la final de Gijón, cuando se retiraba a vestuarios, un directivo gallego, de origen asturiano, empezó a darle voces: "Orlando, Orlando", gritaba, mientras le grababa con una videocámara con la que dejaba inmortalizados a los atletas gallegos. Había comido con él, y con su padre y entrenador, un día tras una competición, donde le explicó sus andanzas, que como todo el que sale de Cuba da para una novela. A Ortega se le iluminaron los ojos, le sonrió y le dio las gracias.

A quien suscribe le ratificó que Orlando es un buen tipo, como lo es Aliuska. Un Orlando que algunos sospechan que ya había descubierto su españolidad desde crío, como buen seguidor del Madrid, un Orlando que discute con su padre porque es seguidor del Barça. Todo muy español o muy cubano. Como la salsa... de tomate.

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