22 de agosto de 2016
22.08.2016

Lejos del paraíso

Tras las dos medallas de Londres, los ocho representantes asturianos en Río de Janeiro apenas tuvieron opciones de pelear por el podio

22.08.2016 | 04:05
Javier Hernanz, al frente del K-4 español en Río.

Sin opciones al final para Gerardo Menéndez, reserva del equipo de saltos de hípica, Asturias estuvo representada en Río de Janeiro por el mismo número de deportistas que en Londres: ocho. Pero mientras que dos de ellos, Ángela Pumariega (oro) y Jessica Alonso (bronce) se subieron al podio hace cuatro años, en Brasil han estado muy lejos de las medallas. El quinto puesto de la K-4 de Javier Hernanz quedará para la estadística como lo más cercano al éxito, aunque el propio piragüista de Arriondas lo consideró un fracaso. Mejor pinta tenía la trayectoria olímpica del jinete Sergio Álvarez Moya, plagada de "ceros" de los buenos, hasta que un derribo en la última tanda lo envío lejos incluso del diploma.

Asturias se subió a la ola de los éxitos olímpicos en los Juegos de Barcelona-92 (seis medallas, todas de oro) y desde entonces rara es la edición que se queda en blanco. Ocurrió en Atlanta-96 y Atenas-2004, pero la cosecha entre medias había sido satisfactoria para una comunidad del tamaño del Principado: un podio en Sidney-2000 (el futbolista Miguel Ángel Angulo), cinco en Pekín-2008 (el ciclista Samuel Sánchez, el jugador de hockey Juan Fernández y los de balonmano Alberto y Raúl Entrerríos, y Rubén Garabaya). El parón de Río indica tanto las dificultades de la competición como los problemas de los deportistas para mantener o mejorar su nivel por los recortes presupuestarios.

Berta García, con el equipo de rugby, y María López, con el de hockey, han afrontado las estrecheces rascándose el bolsillo, como sus compañeras, para llegar a Río con unas mínimas garantías. Los diplomas, con un séptimo y un octavo puesto, respectivamente, eran el tope lógico para España, lejos de la élite en los dos deportes. La gijonesa María López lo explica muy gráficamente: "Fuimos mejorando en el torneo porque nos vino muy bien la experiencia de los tres primeros partidos con selecciones potentes. No solemos competir a ese nivel. Al final, el diploma estuvo muy bien si tenemos en cuenta que llegábamos en el puesto 14 del ranking mundial".

Tampoco los dos representantes asturianos en tiro podían aspirar a mucho más de lo que consiguieron. En el caso de Jorge Díaz ya tuvo mucho mérito su clasificación olímpica porque, por decisión propia, se entrena en Asturias y compatibiliza el deporte con su trabajo en una fábrica. Si a eso añadimos los nervios del debutante, no extraña su puesto, el 27 sobre 50 participantes en carabina de aire 10 metros. Más decepcionado regresó Jorge Llames, que tras ser undécimo en Londres aspiraba a diploma y en Brasil cayó hasta el decimocuarto entre los 26 competidores en pistola de aire 25 metros.

Si a una asturiana le supo a poco los Juegos fue a la atleta Estela García. Apenas pudo vivir diez minutos el ambiente del estadio olímpico, los que le llevaron la salida a la pista, la preparación de su prueba de 200 metros y los 23.43 segundos que tardó en cruzar la meta. Ni siquiera haber corrido en torno a la marca que le permitió viajar a Brasil, 23.17, le hubiera permitido pasar la primera criba. Su puesto 52, entre 72 inscritas, le pondrá aún más difícil el acceso a becas o ayudas federativas.

El asturiano más atípico en Río, Borja Vidal Fernández, no tuvo ningún problema, ni económico ni de otro tipo, para preparar el torneo olímpico de balonmano. Con el apoyo del Gobierno de Qatar, que formó un equipo competitivo a fuerza de dinero y nacionalizaciones, el equipo dirigido por otro español, Valero Rivera, aspiraba a meterse en la lucha por las medallas. Pero el cruce de cuartos de final, con Alemania, les arrastró al octavo puesto, que conlleva un diploma que Borja disfrutará pronto en su pueblo de Pontigón (Valdés).

"Hay que quedarse con lo positivo", destaca Borja, refiriéndose también a otros aspectos de los Juegos: "Es una experiencia única vivir un acontecimiento con grandísimos deportistas, poder ir en el autobús con estrellas como Bolt, Nadal o Phelps". Para Borja, con 34 años, puede haber sido su primera y última experiencia olímpica. María López, que anda por los 25 y ha disfrutado a lo grande en Río, quiere repetir: "Ahora a coger fuerza y seguir trabajando para llegar a Tokio. Espero que lleguemos con un bloque muy parecido al de estos Juegos".

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