01 de septiembre de 2016
01.09.2016
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Goles por sonrisas

Un gijonés recoge ropa deportiva en el Principado para enviarla a las zonas más pobres de Filipinas, para que los más pequeños puedan jugar al fútbol

01.09.2016 | 04:03

En el año 2013, tras terminar la carrera de Publicidad y Relaciones Públicas en la Universidad de Navarra, el gijonés Pablo Argüelles Calles tomó una decisión que cambió para siempre su vida, pero también la de otras muchas personas: viajar a Filipinas. A su llegada al país asiático, Argüelles comenzó a trabajar en una agencia de publicidad, pero sobre todo tuvo la oportunidad de volver a jugar al fútbol, en el Team Socceroo, de la Primera División filipina.

"Un día, el utillero del equipo nos invitó a mí y a un amigo a visitar su barrio, Sampaloc, en Manila, conocer a los niños pequeños y jugar con ellos al fútbol. Cuando llegué me quedé impresionado. Es un barrio muy marginal, muy pobre, es una jungla de asfalto, viven hacinados. Sin embargo, lo que más me llamó la atención es la pasión que estos pequeños tenían por el fútbol", relata el gijonés, "jugaban en chanclas y con balones de baloncesto".

El ambiente en el distrito de Sampaloc es de pobreza extrema, criminalidad, drogas, alcohol y diversos problemas sociales. "Vimos en el fútbol una vía de escape a esta problemática. Practicar deporte, que es lo que realmente les gustaba, y hacerlo con unas condiciones propicias, para evadirse del ambiente negativo del barrio". De este modo, nació Score a Smile Project Philippines.

El primer paso que dieron fue conceder cuatro becas a los mejores estudiantes del barrio para que pudieran jugar en la Escuela de Fútbol del equipo. "Hicimos unas pruebas previas, para valorar el nivel futbolístico, pero realmente lo más importante fueron los estudios, que sacaran buenas notas, que fueran responsables y pudieran compaginar el deporte con los estudios", analiza Argüelles. Las escuelas de fútbol no son como en España, donde todo el que quiera puede jugar, en Filipinas son privadas, de pago y muy caras. Ahora únicamente necesitaban el material deportivo necesario para practicar el deporte: botas de fútbol, equipaciones, balones? Para ello, Argüelles se puso en contacto con la asociación filantrópica Rotaract y su presidenta, Elisa Costales, quien le propuso llevar a cabo un gran proyecto, para el que Argüelles no tenía ni los medios ni el tiempo.

De este modo, se crearon diversos puntos de recogida de ropa deportiva en toda Asturias: en el Real Grupo Cultura Covadonga, en la Escuela de Fútbol de Mareo, en el Café Central de Gijón o en el Gimnasio de Crossfit de Avilés, entre otros. "Lo que buscamos es que la gente pueda donar toda la ropa para la práctica deportiva o botas de fútbol de otros años, a la que ya no se le dé uso o que les quede pequeña".

Además de las donaciones particulares, los clubes de fútbol de la región se han volcado con el proyecto. "El Sporting, el Oviedo, el Avilés y el Gijón Femenino colaboran con nosotros, donándonos bolsas enteras con material deportivo", agradece Argüelles.

También la ONG gijonesa "Ni un Niño sin Cenar" aportó su granito de arena. "Nos regalaron toda la ropa que tenían de verano, que estaba ocupando espacio que no se podía aprovechar para las donaciones de ropa de invierno que recibían".

Sin embargo, para hacer los envíos hasta Filipinas, necesitaban dinero, para lo que "organizamos un concierto solidario en el Café Central, en Gijón, este verano, en el que recaudamos 1.300 euros", un auténtico éxito, que cubrió los costes de envío. Viendo la gran acogida que tuvo el proyecto, decidieron "alargar el plazo de donaciones hasta el 30 de septiembre, para aprovechar el tirón que pueda tener el inicio del curso en los colegios de la región, donde también recogeremos material", explicita Argüelles, quien, recién llegado a Filipinas, espera el cargamento de ropa deportiva desde Asturias y, con él, las sonrisas a los niños de Sampaloc.

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