11 de septiembre de 2016
11.09.2016
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Fondo Norte

Una frase para tapar a tres bocazas

El "no estoy loco ni soy un asesino" de Marcelino acaba con Tebas, Roig y el presidente del Rayo

11.09.2016 | 03:48

El fútbol vuelve hoy al mediodía al Anfield del Piles con la visita de una de las revelaciones de los últimos meses, el Leganés, ascendido por méritos propios y deméritos ajenos. El Leganés tiene presidenta de quien no se sabe detalle de trampa o mal gusto. Un rival de cuidado. Pero la verdadera historia de los últimos días ha sido la ofensiva lanzada contra el gran Marcelino, Marcelino García Toral, por Javier Tebas, Francisco Roig y el presidente del Rayo Vallecano de cuyo nombre no quiero acordarme.

La historieta del Sporting-Villarreal de la última jornada de la pasada Liga estaba viva, como aquí se contó, porque las terminales informativas cercanas al presidente de la Liga de Fútbol Profesional, Javier Tebas, la recordaban de vez en cuando. En esto Marcelino y el Villarreal rompen relaciones, con versiones más o menos contradictorias. Pero los resultados iniciales del equipo amarillo no son buenos, con eliminación de la Liga de Campeones y sin una victoria en Liga, y las protestas aparecen en las gradas del Madrigal que echan de menos al entrenador de los éxitos. Entonces Roig recurre al barro y acusa a Marcelino poco menos que de haber falseado la Liga pasada. El presidente del Rayo Vallecano se sube a la ola y nada menos que compara a Marcelino con aquel copiloto alemán que llevó a un avión contra una montaña alpina.

Marcelino, callado hasta entonces, dijo basta y en una comparecencia ante la prensa en Madrid terminó con la absurda polémica: "No soy un loco ni un asesino". La frase, redonda, a la altura de aquella de Tony Blair con la que denominó a Diana de Gales como "princesa del pueblo", provocó una desordenada retirada de los tres bocazas. El presidente de la Liga se resguardó detrás de su señora, que es del Real Madrid, pero que no escribe twits como el de broma que escribió la señora de Marcelino; el presidente del Villarreal, que de ninguna manera acusó de nada a su exentrenador, cuyo cese nada tuvo que ver con lo sucedido en el Anfield del Piles, y el Rayo Vallecano, que retira lo dicho, pide perdón y hasta otra.

Una frase redonda de un entrenador que se ha visto metido en una batallita de tres bocazas a los que hay que tomar la matrícula para ir siguiendo sus quehaceres a lo largo de la temporada. Al presidente de la Liga y al del Rayo hay que recordarles que el problema rayista surgió de la derrota sufrida en la penúltima jornada, cuando el equipo de la franja roja perdió en San Sebastián un partido que tenía ganado y que fuentes más que solventes relacionan con las apuestas. Pero eso son temas mayores a los que nadie quiere meter mano. Es más fácil ir a por un entrenador al que un presidente quiere usar para tapar el mal negocio hecho con la destitución.

El problema, damas y caballeros, señoras y señores diputados, es que Rayo Vallecano y Getafe, cuyo presidente, perro viejo, calla como una tumba, no supieron, o no quisieron, ganar cuando tenían que hacerlo. Y entonces se agarran a una frase de un entrenador y a una victoria de un modesto como el Sporting para ensuciar la pequeña historia. Hasta la frase redonda.

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