ALEX rovira
«Gurú» de la gestión empresarial, coautor del libro «La buena suerte», con 4 millones de ejemplares vendidos
 

«El PIB crece, pero el número de personas felices sigue constante»

«No podemos esperar un crecimiento ilimitado en un mundo limitado; llegará un momento en el que tendremos que decrecer y caminar hacia una economía de la austeridad»

 
Alex Rovira, ayer, en Oviedo, poco antes de su conferencia.
Alex Rovira, ayer, en Oviedo, poco antes de su conferencia. luisma murias

Oviedo, E. LAGAR

Alex Rovira (Barcelona, 1969) se ha convertido en uno de los «gurús» de la gestión empresarial y también en uno de los escritores españoles más leídos. Su libro «La buena suerte», coescrito con Fernando Trías de Bes, es a la vez una fábula para niños y una biblia empresarial de culto. Ha vendido 4 millones de ejemplares y se ha traducido a 38 idiomas. Rovira, que ahora escribe un ensayo titulado «La buena vida» -donde reivindica a Aristóteles y su visión de la existencia humana-, visitó ayer Oviedo para participar en una jornada organizada por la Fundación ESADE con motivo de los cincuenta años de su fundación y a la que asistieron los ex alumnos asturianos de esta escuela de negocios. Rovira impartió una conferencia titulada «Visión, liderazgo y transformación» que versó «sobre la influencia que tienen las actitudes a la hora de hacer cualquier cambio o, dicho de otra manera, cómo la psicología crea la economía». Este licenciado en Administración y Dirección de Empresas y profesor en ESADE cree que «el proceso económico no es más que la manifestación de una serie de procesos psicológicos conscientes o inconscientes. Por tanto, el reto es construir la consciencia».

-Pues yo pensaba que el dinero no tenía corazón.

-El dinero, en sí mismo, no lo tiene. Pero la prosperidad, sí. El dinero tiene que ser un síntoma de que las cosas están funcionando, pero no puede ser el objetivo final. Un empresario tiene que pensar más allá, porque puede caer en el peligro de la depredación. Alfred Marshall, uno de los grandes economistas de la Escuela de Boston, escribió, poco antes de morir: «He llegado a la conclusión de que la economía es un vano intento de narrar psicología». Y yo me muevo mucho en esta línea de pensamiento. Eric Fromm se preguntaba si teníamos que hacer seres humanos enfermos para tener una economía sana. Y, evidentemente, yo creo que no. Al final, la economía la crean personas, y en lugar de hablar de productores y consumidores, hay que recuperar el papel de la persona y ver cuáles son las herramientas que tenemos en nuestra mano y, sobre todo, la postura existencial para poder cambiar las cosas. Quizás es utópico, pero las utopías del pasado son realidades hoy. Y no podemos renunciar a eso. Por eso me gusta hablar de la «psiconomía», como una nueva asignatura, un nuevo paradigma necesario. El gran problema es que Descartes se equivoca. Antonio Damasio, premio «Príncipe de Asturias», descubre cómo las emociones y los pensamientos están totalmente imbricados, y en uno de sus libros afirma que Descartes se equivocó. La economía ha vivido mucho del pensamiento cartesiano, que tiene su utilidad, pero que ha aislado la parte emocional. Del mismo modo en el que en las escuelas económicas y empresariales se transmiten instrumentos para pensar en las cosas y hacer de ellas un objeto de pensamiento, ¿por qué no hacemos de nosotros mismos, de nuestra vida colectiva, del bien común, del nosotros, un objeto de pensamiento y de diálogo?

-Sorprende que desde una escuela de negocios se apueste por recuperar esa, digamos, vida interior.

-Es que es necesario. ESADE tiene una gran virtud que es el pensamiento plural. Está instalada en una gran capacidad de diálogo y siempre ha habido una gran línea de pensamiento humanista, probablemente por la influencia jesuítica en sus orígenes y que hoy todavía sigue ahí. Está emergiendo esta nueva consciencia que, sin embargo, es tan antigua como la capacidad de cuestionar para qué vivimos y qué sentido tiene todo esto. Y hoy es más necesario que nunca. La OMS advierte de que la depresión será la primera causa de muerte dentro de 30 años. Muchas personas tendrán que desayunar con Prozac. Es necesario construir nuevos paradigmas. No se puede buscar un crecimiento ilimitado en un mundo limitado. Eso es imposible. Hay que pensar nuevas maneras. En mi conferencia, a partir de una investigación que llevo haciendo hace mucho tiempo, hablaré de las siete actitudes que ayudan no sólo a dar sentido a la vida, sino a una transformación sistémica y constructiva del medio. Esas actitudes son el coraje, entendido no como la ausencia de miedo, sino como la consciencia de que hay algo por lo que merezca la pena arriesgar; la responsabilidad, como habilidad de responder ante una crisis o situación de cambio; el propósito; la humildad, como la capacidad de renunciar a lo que eres para llegar a lo que puedes ser; la confianza; el amor, entendido como «filia» y no como «eros», y, finalmente, la cooperación, como consecuencia natural de las seis anteriores.

-¿Eso es compatible con una buena cuenta de resultados?

-Decía Gandhi que en el mundo hay recursos suficientes para la prosperidad de todos, pero no para la avaricia de algunos. Dentro de ese cambio de paradigma es necesaria una nueva visión en la que, a lo mejor, hay que replantear tasas de crecimiento que sólo se sostienen desde una tremenda depredación. Se puede generar riqueza, pero, ¿cuál es el precio?

-¿Qué escribe ahora?

-Un ensayo, una recopilación de muchas ideas que se titulará «La buena vida». La buena vida, desde el punto de vista de Aristóteles, que decía que la buena vida no es el «dolce farniente», sino que es el compromiso con el amigo, con el otro. Ésa es la tesis fundamental. En la línea de Victor Frankel, que dice que lo que da sentido a la vida es el amor. ¿Por qué no nos suicidamos? Por que tenemos alguien a quien amar o porque tenemos algo que hacer.

-O puede que también no nos suicidemos por cobardía, por miedo.

-También. Pero, ¿cuál es la palanca que nos mantiene unidos a la tierra? Creo que el amor y la creatividad. Y estas cosas hay que hablarlas, porque la pregunta es: usted, ¿para qué trabaja? Ayer miraba un estudio sobre el incremento del producto interior bruto (PIB) y la felicidad. Ha aumentado mucho el producto interior bruto, y pero el porcentaje de personas que se declaran felices se mantiene constante. Es lo que yo llamo la «felicidad interior bruta». Los recursos económicos son necesarios por una cuestión higiénica de bienestar, de dignidad material. Pero más allá de eso...

-Diógenes era feliz en su barril.

-Y además, libre. Porque nadie podía con él, ni Alejandro Magno.

-¿Qué nos recomienda la «psiconomía» para encarar este nuevo ciclo económico?

-No podemos esperar un crecimiento ilimitado en un mundo limitado. Llegará un momento en el que tendremos que decrecer, pero eso la gente no lo quiere escuchar. Tendremos que ir a una economía de austeridad. Los ciclos económicos son ciclos con su sístole y su diástole. Y hay ciclos económicos naturales que se mueven entre los 5 y los 7 años. Nosotros hemos tenido un ciclo expansivo de 3 años, pero, vamos a ver, ¿qué barbaridad es ésta de que tengamos que pensar en términos de riqueza a partir de la recalificación del territorio? Entonces recalifiquemos todo el planeta y estaremos todos globalmente forrados, ¿no?

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