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La tarea de alentar la exportación de los productos y servicios españoles gana complejidad en el mercado global del siglo XXI, cree Carluccio. «No hablamos de un país poco industrializado que quiere despuntar, sino de una economía que tiene un nivel tecnológico bastante alto, pero no suficiente para estar con los primeros de la clase. Va a ser muy difícil cuando la pérdida de la centralidad en el capitalismo es un hecho y países como China e India están en los mercados con fuerza, tecnología creciente y capital humano cada vez más capaz». Los caminos conducen, según la esquina de los economistas, a asuntos que suelen agitar las discusiones en la esquina de los políticos: la educación, la innovación, la reforma del mercado de trabajo y la energía.
l Educar para innovar. Edificar una economía más productiva requiere españoles mejor formados. Florentino Felgueroso vuelve a su teoría general sobre el atraso español: «De los 45 años hacia arriba, el nivel educativo de España está sensiblemente por debajo de la media europea». Urge, expone, mejorar el sistema educativo para los jóvenes, pero también la preparación de los parados y de los trabajadores dentro de las empresas. «Cómo vamos a innovar si la gente no sabe matemáticas ni hacer una redacción», cuestiona Juan Velarde, partidario de finiquitar el «modelo igualitarista» que, según su tesis, predica el PSOE en detrimento de la calidad. Emiliano Carlucci hace una observación preventiva: «Hay que reformar la educación, pero tampoco hay que ser dramáticos. Por sí mismo, el grado de escolarización no garantiza un cambio de modelo productivo».
Pero ese cambio no se podrá conseguir en España sin esa reforma y sin otro gran acuerdo sobre la educación, a decir de Ángel de la Fuente. «El debate político está anclado en si mantener o no la religión o la educación para la ciudadanía, temas que hacen mucho ruido pero que son secundarios. Que los quiten o los pongan si quieren, pero el núcleo del sistema necesita un compromiso distinto y estabilidad».
De la Fuente habla de ir a una especie de «tercera vía» entre el criterio atribuido a la izquierda de anteponer la igualdad de oportunidades de los alumnos, sin separación por niveles en ningún ciclo, y el criterio atribuido a la derecha de primar tal separación para ganar en calidad. «Una de las cosas que sabemos es que para igualar las oportunidades hay que hacerlo pronto, en los primeros años; ahí es donde habría que volcar recursos para compensar los diferenciales económicos de origen; pero con un modelo de itinerario único hasta los 16 años, como el actual, se sacrifica la calidad».
l Trabajadores y empresarios. «La reforma laboral es imprescindible, sin ella será posible el cambio», afirma Florentino Felgueroso, patrocinador de la propuesta de reforma que, respaldada por cien economistas -entre ellos el nuevo secretario de Estado de Economía, el asturiano José Manuel Campa-, ha planteado la creación de un contrato único (indefinido y con coste de despido gradual según la antigüedad) para atajar la «dualidad» entre trabajadores fijos y eventuales, la alta tasa de temporalidad del empleo en la economía española, contraindicada para ganar productividad e inédita en el resto de Europa. Como lo son en los países más avanzados las trabas burocráticas que, anota Felgueroso, siguen entorpeciendo aquí la creación de empresas. «Se han destruido miles de empresas y hay que facilitar que salgan otras», aconseja Emiliano Carluccio.
l Sacrificios. Velarde vuelve a la receta clásica: «Para que un país se modernice necesita una población activa bien preparada, un buen sistema de transportes y comunicaciones y energía barata». Y «hacer sacrificios». Cambiar el modelo productivo, se coincide en la esquina de los economistas, va a requerir trabajar más y mejor, recortar gastos públicos «superfluos», aceptar reformas laborales y de la educación incómodas y quizá levantar el veto a la energía nuclear. Con crisis o sin ella, añade Ángel de la Fuente, España, que se hace vieja, debe también actualizar su Estado de bienestar para hacer sostenibles a largo plazo las pensiones.
El Gobierno tiene en el asturiano José Manuel Campa, concluye Juan Velarde, a la persona con «la categoría intelectual» necesaria para abordar cambios como ésos. Sin ellos, apostilla Carluccio, España podría «italianizarse», convertirse en una economía estancada. «En peligro de empobrecimiento».
La nueva inmigración
El cambio de modelo productivo hacia uno más basado en el conocimiento va a necesitar más técnicos y titulados universitarios cuando España está en un proceso de envejecimiento que en pocos años reducirá drásticamente el número de universitarios. Florentino Felgueroso cree que España necesitará una nueva inmigración, esta vez de técnicos.
Nucleares, sí
«España necesita energía barata y con seguridad de suministro», sostiene Juan Velarde, y conseguirlo exige levantar el veto a la instalación de nuevas centrales nucleares. El modelo español no puede asentarse, según este criterio, sobre las energías renovables, con producciones más caras y primadas con dinero público.
Liberalizar más
Ángel de la Fuente, al igual que otros economistas consultados, es partidario de liberalizar más los mercados de bienes y servicios, para activar la competencia. Y de revisar las condiciones de la negociación colectiva, evitando en lo posible los ámbitos sectorial y regional, de forma que se negocien las condiciones salariales empresa por empresa.
Potenciar el alquiler
Emiliano Carluccio sugiere que España trate de sacar rentabilidad al enorme stock de pisos que están sin vender para ampliar el mercado del alquiler. «España podría así rentabilizar su gran error; en otro caso será una ruina, una inversión enorme sin ninguna rentabilidad», señala el economista. Y subraya también: «Muchos ya no podrán comprar, sino alquilar».
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