Oviedo, J. L. S.
Los técnicos de Arcelor-Mittal dedicarán más de dos semanas a llevar a cabo la nueva puesta en marcha del horno alto «B» de Gijón, para que pueda entrar en funcionamiento a partir del 1 de septiembre. Lo que más tiempo llevará a los expertos en la preparación de la apertura del horno, que lleva paralizado desde mayo, será acondicionar la denominada planchada, es decir, el lugar por donde se evacua el arrabio, el material con el que aguas abajo se fabrica el acero. Estas labores arrancarán, según señalaron fuentes de la empresa, a lo largo de los próximos diez días. La empresa define como «complejas» las labores de arrancado, ya que los técnicos tendrán que controlar al milímetro cada una de las tareas para evitar dañar la instalación.
Durante las semanas en las que la instalación ha estado en barbecho, los técnicos mantuvieron en caliente las llamadas estufas, el mecanismo que es responsable de calentar el aire que posteriormente se inyecta en el horno a más de mil grados. La multinacional decidió abrir la instalación asturiana después de haber comprobado un recorte en el stock acumulado en los almacenes de sus principales clientes. La parada del horno gijonés también fue una operación que costó a la empresa más de medio millón de euros. En esta ocasión la compañía no ha desvelado a cuánto ascenderá el desembolso para ponerlo de nuevo en marcha. A partir del día 20 de agosto los trabajos en la instalación asturiana se intensificarán con el comienzo de las pruebas de carga. Antes de volver a vaciar por completo de nuevo el horno. Ésta será la fase en la que más precauciones deberán de tomar los técnicos, porque la mínima alteración de la temperatura podría provocar grietas en el interior de la instalación. Tras el vaciado se volverán aportar nuevas cargas hasta conseguir un arrabio con la composición adecuada.