EDUARDO DONAIRE
Secretario general de MCA-UGT
Oviedo,
Marián MARTÍNEZ
Eduardo Donaire, secretario general del Metal y la Construcción (MCA-UGT), acaba de anunciar que optará a la reelección en el congreso que esta organización celebrará en diciembre, una decisión que a nadie ha sorprendido, ni siquiera fue motivo de debate, todo lo contrario de lo que ocurrió en las últimas negociaciones con Arcelor-Mittal para reorganizar la plantilla de los trabajadores de las empresas auxiliares de la multinacional. MCA-UGT fue la primera en aceptar el acuerdo con Arcelor, al que se unió USO y, finalmente, CC OO, un pacto que ha complicado la unidad de acción sindical.
-Hacía tiempo que entre las dos federaciones más poderosas de UGT y CC OO no había tanta tensión.
-Hay varias razones para que en MCA estemos enfadados. Primero, porque a todos, pero a mí personalmente, me ha defraudado alguna gente a nivel personal. Segundo, porque la unidad de acción sindical es un bien en sí mismo, y hay que mimarla, y más en estos tiempos. Si en la parte alta de la estructura hay roces, lo más fácil es que en los talleres salten chispas y surjan conflictos. Se equivocan los que piensan que el movimiento sindical es un patio de vecinos.
-¿Les pone nombres y apellidos?
-El secretario de organización de la Federación de Industria de CC OO, Juventino Montes, en un artículo que no reflexionó antes de escribir, echó arena a los engranajes de la unidad de acción sindical, y eso me preocupa, y mucho más cuando está en juego el futuro de la siderurgia en Asturias. Arcelor es más que una empresa, es quien da de comer a muchos miles de personas, y no se muerde la mano que te da de comer.
-¿... Pero eso no implica aceptar todo lo que diga la empresa?
-No, no se puede aceptar cualquier cosa, pero el móvil, el objetivo sindical debe ser defender a los trabajadores, y hay muchas formas de negociar, que nadie se llame a engaños. MCA-UGT negoció mucho, muchísimo más de lo que se piensa, y las amenazas de la empresa no eran sólo para presionar, son muy reales. En Europa el 60 o 70% de los trabajadores de la industria auxiliar de Arcelor-Mittal están en la calle, despedidos.
-Los acuerdos de Oviedo sobre la industria auxiliar se suponen una salvaguarda, para eso se firmaron, ¿no?
-Sí, pero la teoría de Lakshmi Mittal es la misma que la de Superlópez: sus trabajadores son señores trabajadores, pero los demás sólo son trabajadores y se puede prescindir de ellos, y eso no es así, aquí, por lo menos, no lo vamos a consentir. De hecho, Asturias es el único sitio de Europa donde los trabajadores de la industria auxiliar están siendo tratado como señores trabajadores, igual que todo el personal de Arcelor-Mittal.
-CC OO dice que con su presión logró que todos los trabajadores de la industria auxiliar, con independencia de su edad, puedan optar a entrar en Arcelor.
-MCA-UGT defendió desde el primer momento que si querían internalizar los puestos, le cambiaran la chaquetilla al trabajador y entraran todos: puesto-paisano, pero la empresa se negó en rotundo. El anterior proceso de internalización fue para eventuales, y se fijaron 45 años de edad máxima. Ahora se trata de personal fijo de empresa y de obra, no de eventuales, y conseguimos pasar de 45 a 48, a 49, y de ahí, a 50 años. Siempre estuvo limitada la edad, y fue la UGT la primera en decir que no firmaría ningún documento en el que figurara esa limitación, porque es inconstitucional, aunque ahora lo diga CC OO.
-¿Ha pensado en algún momento que se pudieron precipitar al aceptar el documento?
-¡No! Analizamos todos los riesgos y nos aseguramos de amarrar que ningún trabajador pierda su empleo ni sus condiciones laborales y salariales, pero, además, analizamos el riesgo de un nuevo conflicto social que ponía en peligro el arranque del horno alto B. Yo me fui a Luxemburgo a reunirme con la alta dirección de Arcelor-Mittal y me dijeron bien claro que o había acuerdo y paz social o no abrían en Gijón y abrían otro horno y los pedidos se trasladarían a otro sitio. Vamos a ver, esto es una gran multinacional, y Asturias sólo es el 2% de ella. Si se llevan los pedidos a otro lado, ¿qué pasa con las miles de familias que viven en esta región de Arcelor? ¿Qué le pasaría a la economía regional, al transporte, al metal...? Arcelor es importante incluso para impulsar distintas políticas y medidas, también de mentalidad.
-¿Han cambiado mucho las relaciones de la empresa con los sindicatos?
-Los sindicatos tenemos que acoplarnos a una situación muy diferente, y nos está costando trabajo que todo dependa de un señor, porque es el dueño, y puede tomar las decisiones que quiera y amenazarnos, o tenernos en cuenta y negociar. Los ejecutivos de la empresa en Asturias han hecho una muy buena labor, igual que los delegados de UGT en Arcelor-Mittal, que han apoyado y ayudado mucho en la sombra para que el conflicto de las auxiliares se resolviera bien. La empresa y nosotros nos hemos movido de las posiciones iniciales y se ha logrado el acuerdo, pero a Lakshmi Mittal lo que le importa es ganar dinero, y si no lo gana, cierra y se va, ése es el único interés que le suscita Asturias. Si Mittal gana dinero, nos irá bien a todos. Si lo pierde, todo tenemos un problema.
-El metal asturiano ha cambiado mucho en los últimos años. ¿Qué le falta?
-Apostar por la formación profesional, por sus departamentos técnicos, por la investigación y el desarrollo... Las empresas del metal tienen un potencial enorme, pero deberían verse como un sector, no como la suma de empresas.
-¿Un «lobby» de presión?
-Exactamente. Deberían apostar por ser un «cluster» real donde se agrupen y se constituyan como un grupo de presión potente e importante en la economía y la sociedad asturianas. Mire a la construcción, han actuado como un «lobby», si me apura, como un gremio, y ahí tienen a la CAC, lo que era y en lo que se ha convertido.