Oviedo, M. M.
Cajastur aparece en todas las quinielas desde que se anunció el proceso de integración, fusión o alianzas de las cajas españolas ante la necesidad de reordenar el sector y que estas entidades financieras ganen músculo. Caja Cantabria busca al menos un socio para iniciar un proceso de integración o alianza, pero que le permita mantener su personalidad societaria, órganos y marca. Se trataría de una fusión virtual a través de un sistema institucional de protección (SIP), una alternativa que permitiría evitar las trabas políticas para que estas entidades financieras puedan coger músculo. Una opción especialmente atractiva para las cajas uniprovinciales.
Los movimientos de Caja Cantabria han hecho que todos los ojos se vuelvan, entre otras, hacia la caja asturiana, que opta por el silencio en un proceso que se prevé largo y, sobre todo, muy delicado.
La solvencia, la liquidez y la fortaleza de Cajastur la convierten en una «novia deseable y con dote», explicaron fuentes del sector financiero. Pero «precisamente eso es lo que le permite ser exigente y elegir, y no dará ni un solo paso sin estar bien segura de que no va a perder. Todo lo contrario, sus números le permiten liderar un proceso, no verse sometida a tener que entrar en él», añadieron las mismas fuentes.
Esta situación privilegiada, además de la idiosincrasia propia de la entidad financiera, es la que le lleva a actuar todavía con más prudencia de cara al público y eludir, en la medida de lo posible, alimentar especulaciones. De ahí que sólo salga una frase, de manera reiterativa, de la entidad: «Cajastur está atenta a todas las oportunidades que ofrece el mercado con la reordenación del sector».
Caja Navarra, la General de Canarias, la de Murcia y Caixanova han pensando también en las fusiones virtuales con otras entidades de autonomías uniprovinciales. Y meten a Cajastur en sus quinielas.