SEVERINO GARCÍA VIGÓN
Presidente de la Federación Asturiana de Empresarios (FADE) y vicepresidente de la CEOE
Oviedo, Luis GANCEDO
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Severino García Vigón (San Martín del Rey Aurelio, 1941) es presidente la Federación Asturiana de Empresarios (FADE) y, como tal, firmante de los sucesivos acuerdos de concertación con el Gobierno regional y los sindicatos. Es también uno de los vicepresidentes de la patronal CEOE y en cuanto tal participa de la estrategia de la organización que lidera Gerardo Díaz Ferrán, incapaz por ahora de entenderse con el Ejecutivo de Rodríguez Zapatero y con las direcciones confederales de UGT y CC OO en la mesa española del diálogo social. La entrevista se desarrolló poco después de conocerse que el pasado septiembre el paro había vuelto a crecer en España y en Asturias.
-El paro no se frena.
-Se han diluido los efectos del «plan Zapatero» y de las contrataciones estivales. El desempleo es un toro desbocado que va hacia ese 20 por ciento que muchos señalan.
-En Asturias la subida de septiembre supera la media nacional. ¿Se agota ese discurso de que aquí la crisis es menos severa?
-No del todo. En Asturias no ha sido tan lacerante como en otras partes la caída de la construcción, gracias a las grandes obras públicas, que van a durar un tiempo. Asturias tiene además un colchón de rentas gracias a las prejubilaciones y hay algunos otros datos menos desfavorables que en las demás regiones, como la caída de la recaudación fiscal, las ventas de coches o la morosidad bancaria.
-Elogió usted el discurso de Areces en el debate sobre el estado de la región. ¿Está más cómodo con el optimismo del presidente que con el panorama que traza el PP?
-Estoy en el término medio. Si me apura un poco, diría que estoy más conforme con el discurso del presidente de Asturias que con el del presidente de la nación y con los Presupuestos de Asturias que con los del Estado.
-¿En qué fallan las cuentas de Zapatero? Parecen pensadas para sostener el sistema de protección social y el recorte de inversión no suena dramático.
-La política se concreta en los Presupuestos y, a veces, en medidas que no cuestan dinero. Este Presupuesto no tiene nada de anticrisis. Estamos pagando las consecuencias de haber tardado en el reconocimiento de la realidad. Se decía que todo era global, que a España le iba bien. Se tardó en tomar medidas y las que se tomaron fueron parches. Las necesarias, las llamadas estructurales, no se adoptan. Y los datos son tozudos: podemos decir lo que queramos, pero con lo que se ha hecho estamos donde estamos.
-¿No es exagerado decir que una subida de impuestos que supone 11.000 millones de euros (1 por ciento del PIB) al año compromete gravemente la recuperación?
-Desde luego no es una política anticrisis y ni siquiera es una auténtica reforma fiscal, son «medidinas». ¿Qué se ha hecho? Subir el IVA, lo que puede tener un efecto recaudatorio pero va contra el consumo y puede estimular el fraude. Se incluye una rebaja de la fiscalidad para las pymes (recorte del impuesto de sociedades), pero sólo para aquellas que tengan menos de 25 trabajadores y que mantengan el empleo. O sea, al final, con la que está cayendo, va a ser una rebaja para nadie. Son unos Presupuestos muy poco imaginativos y, repito, no es todo gastar dinero.
-¿Qué se puede hacer?
-Lo que se está demandando desde hace mucho tiempo. En primer lugar, no resistirse a reconocer la realidad. Se está fiando todo a la recuperación global, y el problema y el drama es que, cuando se produzca esa recuperación, nosotros podemos quedarnos anclados en nuestras propias peculiaridades. ¿Qué pasa con nuestro mercado de trabajo? La mejor lucha contra el desempleo es evitar el paro, pero todos los esfuerzos están centrados en las medidas paliativas.
-¿Acaso se conseguiría frenar el paro con una reforma laboral?
-Con esa reforma y con muchas más. Hay países en los que han caído más en PIB, pero con aumentos del paro mucho menos importantes, como Alemania...