Oviedo, L. G.
La centrales eléctricas que queman combustibles fósiles son ya las más penalizadas por las reglas ambientales de la Unión Europea (UE) en lo que atañe al CO2 y volverán a serlo a partir de 2013, cuando Bruselas dé una vuelta de tuerca más a la legislación comunitaria para combatir el cambio climático. Las térmicas de carbón y gas, como las que constituyen el corazón del negocio asturiano del kilovatio, reciben ahora unos derechos gratuitos parciales para emitir CO2 y las empresas están obligadas a comprar otros para sostener una actividad normal. El nuevo criterio que aplicará Europa supondrá que, a partir de 2013, esas instalaciones no recibirán ningún derecho gratuito y que sólo podrán funcionar si las empresas adquieren en subasta «bonos» de dióxido de carbono. Ahora funciona un mercado del CO2 donde cotizan los derechos de emisión.
Más del 80 por ciento de la producción del potente sector eléctrico asturiano la aportan cuatro grandes térmicas de carbón: Soto de Ribera y Aboño (ambas de HC Energía), Lada (Iberdrola) y Tineo (Gas Natural). En Soto de Ribera también funciona la primera central alimentada por gas natural (ciclo combinado), sujeta, asimismo, a la disciplina europea vinculada al Protocolo de Kioto. Lo estarán también en el futuro los demás ciclos combinados que ahora están en proyecto.
La alta especialización del sector energético regional en el uso del carbón lo convierte en uno de los más afectados por las exigencias ambientales de Bruselas. Aunque, de hecho, el impacto sobre los costes de la fabricación de kilovatios, dentro y fuera de Asturias, se extenderá al conjunto de los consumidores de electricidad y, de manera singular, a las cuentas de los grandes consumidores industriales de energía.