Oviedo, L. G.
La patronal Unesa revisa sus cuentas sobre la capacidad de producción eléctrica que va a necesitar el país durante las próximas décadas y estima que, debido a la crisis económica, las expectativas de crecimiento e inversión se van a demorar un lustro. «Todo se puede retrasar cinco años contando con que la recuperación empiece a verdear el próximo año», sostiene Pedro Rivero, presidente de Unesa.
Tanto como esos cinco años se podría retrasar, por ejemplo, la ejecución de ciclos combinados como los que están en proyecto en Asturias, según el criterio de la influyente organización empresarial del kilovatio.
«El toro nos ha pillado a todos», añade Rivero sobre el impacto de la crisis en el negocio del kilovatio. Es tal la preocupación, añadió el también catedrático de Economía Financiera, que otras grandes cuestiones energéticas, como la nuclear, están orilladas. «Si hay algún loco que quiere empezar una nuclear, que la empiece, se la tragará. No toca hablar de eso. Al que sea antinuclear Dios le ha venido a ver», responde Pedro Rivero. «Espero que no se cierren más», matiza sobre la política que el Gobierno seguirá con las centrales nucleares en la planificación energética que está ahora en revisión.
Se aproxima también la revisión de la tarifa de último recurso (TUR), el precio máximo de la luz que marca el Gobierno a las eléctricas para los consumidores domésticos. Pedro Rivera duda que esa tarifa pueda bajar en enero, a pesar de que los costes de la energía han descendido al igual que lo ha hecho la demanda. «La TUR tiene otra parte, que cubre los costes regulados de transporte, distribución... y el pago del déficit tarifario, que supone más de mil millones al año; al descender la demanda aumenta la represión del déficit por cada kilovatio», argumenta el directivo.
Está por ver, por otro lado, cómo repercute en los precios la solución económica que está estudiando el Gobierno para reanimar la utilización del carbón nacional en las térmicas.
Pedro Rivero defiende el proyecto de la regasificadora de El Musel. «Las regasificadoras aportan flexibilidad para cubrir la demanda de gas y van a evitar sustos en el futuro. Lo último que se tendría que parar son las inversiones en regasificadoras, almacenamientos (de gas) e interconexiones».