Avilés, Saúl FERNÁNDEZ
Rosi Duarte abrió hace cinco años en Avilés su pequeño taller de costura. Cose, remienda y arregla ropa desde entonces en un minúsculo local de la calle de Pedro Menéndez: máquina de coser, plancha y un reducido probador. «Desde el principio no me ha faltado trabajo», asegura la costurera mientras corta la tela sobrante de un pantalón que tiene que resucitar para ajustarse a su nuevo propietario. «Últimamente lo que suelo hacer es arreglar uniformes escolares», comenta. «Es que son muy caros. Imagino que se trata de heredar el del hermano mayor, el del vecino?», señala. Aquí es donde Duarte nota un cambio de actitud que achaca a la crisis. «Pero, ya digo, no me falta labor, sobre todo cuando hablamos de vestuario de mujer, abrigos y ropa vieja que hay que aprovechar». Lo que le lleva más tiempo es traer al presente piezas pasadas de moda: «Me pasa, sobre todo, con las americanas, que ahora se llevan más entalladas».