Bilbao / Oviedo
La caja vizcaína BBK pretende hacerse con el control de la Caja de Castilla-La Mancha (CCM) mediante una sociedad o vehículo de inversión, una fórmula parecida, al menos en su concepción instrumental, a la de Cajastur.
Este tipo de operaciones se vienen denominado «fusión fría» y permite al comprador mantener su estatus jurídico y su actual naturaleza y arraigo territorial pese a adquirir una caja de muy superior tamaño.
Tanto el presidente de BBK como políticos vascos habían alertado de que una fusión por absorción de CCM por BBK conllevaría que los impositores, trabajadores y entidades castellano-manchegas pasarían a contar con un peso específico superior a los de sus homólogos vascos en la entidad resultante de la unión.
La dirección de la BBK formalizó ayer su oferta para hacerse con la Caja Castilla-La Mancha, intervenida por el Banco de España, después de que el jueves el consejo de administración de la entidad acordase autorizar la operación.
Respecto a la oferta presentada por la BBK, fuentes oficiales consultadas han aludido al compromiso de confidencialidad suscrito para rechazar dar más detalles en torno al proceso.
BBK fue una de las primeras cajas que se citó como probable candidata a hacer una oferta por CCM. Es líder en solvencia y ocupa el 10.º lugar por tamaño. Por patrimonio es la cuarta y la quinta por volumen de beneficios.