JAVIER CUARTAS
El Banco de España ha optado por la opción que más fines le resolvía satisfactoriamente al mismo tiempo y menos efectos indeseados generaba. Con la entrega de Caja Castilla-La Mancha a Cajastur, la autoridad bancaria española no sólo resuelve la «patata caliente» de la caja castellano-manchega, intervenida por sus graves desequilibrios económicos y falta de liquidez, sino que marca el camino de por dónde quiere que vaya la reordenación del subsector de cajas de ahorros.
La adjudicación de CCM (una caja que es 1,7 veces mayor que Cajastur) a la entidad asturiana permite al Banco de España dejar patentes no sólo el criterio preferencial de las fusiones suprarregionales, sino que con esta decisión avanza de forma decisiva en ellas y logra dos objetivos no menos relevantes: dar tamaño y volumen a las cajas medianas más eficientes y, además, premiar públicamente la buena gestión, primando la eficiencia financiera a consideraciones políticas o de mero tamaño.
El Banco de España siempre dijo, y ayer lo volvió a repetir, que CCM se otorgaría a la oferta que fuese mejor para CCM y que más garantizase la viabilidad de su negocio financiero, pero que, al tiempo, resultase menos onerosa para los contribuyentes. De hacer caso a la autoridad bancaria, la oferta de Cajastur ha sido, por diseño económico y por estrategia financiera, la mejor de las que concurrieron.
Pero la inmediatez de la decisión da a entender que mucho trabajo de análisis ya estaba hecho y que la invitación que en septiembre cursó el Banco de España a Cajastur para que presentase una oferta por CCM no se hizo de forma aleatoria, sino con un interés premeditado.
Si la voluntad del regulador hubiese sido exclusivamente solucionar lo antes posible y con el menor impacto el grave problema de CCM, la mejor candidatura hubiese sido una de las grandes cajas de ahorros españolas, cualquiera de las cuales hubiese digerido CCM con mucha más facilidad y menos esfuerzo. Aunque se invitó a La Caixa, la mayor caja de España y tercera entidad financiera del país, ésta ya había advertido de antemano que no estaba interesada en ninguna fusión porque considera que su tamaño en el mercado nacional ya es suficiente y que sus miras están en el extranjero.
Ibercaja, que es mucho más grande que Cajastur, hubiese sido una opción más razonable si sólo se tratase de digerir CCM. Le ayudaba que Aragón y Castilla-La Mancha son regiones limítrofes, con buena vecindad, gobernadas por el mismo partido (PSOE) y con cierta interrelación económica. Pero con Ibercaja el Banco de España, si bien hubiese logrado cierta maniobra transfronteriza, no colmaba sus dos objetivos adicionales: Ibercaja ya es grande y CCM no le iba a mejorar su eficiencia, inferior a la de las otras dos candidatas: Cajastur y BBK. Por añadidura, Ibercaja fue la primera caja a la que acudió el Banco de España para que se hiciese cargo de CCM; antes de su intervención, y declinó la oferta.
Por el contrario, tanto con Cajastur como con BBK el Banco de España sí podía aspirar no sólo a quitarse de encima el problema de CCM, sino a materializar otros fines: ambas le permitían aprovechar el viaje para dar un golpe de mano y acelerar la reordenación y concentración del disperso y aún muy atomizado subsector de cajas, cuya reestructuración urge, sobremanera ante el riesgo de que en 2010 se acrecienten las dificultades.
BBK tenía sin embargo dos inconvenientes frente a Cajastur. Uno es que, siendo la caja más solvente (Cajastur es la segunda por relación entre patrimonio neto y activos), es mayor que la Caja de Asturias y además se da por descontado que, tarde o temprano, se verá abocada a fusionarse -ya hubo dos intentos- con la caja guipuzcoana (Kutxa) y con la alavesa (Vital). Por esta razón, se da por descontado que, antes o después, la BBK acabará teniendo el tamaño que le conviene para ser un gran actor en el sector financiero. El otro inconveniente es político: Castilla-La Mancha es uno de los territorios donde, junto con Extremadura, más discurso antinacionalista han practicado sus dirigentes políticos. El riesgo potencial de una fuga de depósitos si una caja vasca o catalana entraba en Castilla-La Mancha era alto.
Con Cajastur no hay esos inconvenientes (en ambas regiones gobierna además el PSOE) y sí todas las demás ventajas. Cajastur es la segunda caja más solvente, pero le falta tamaño y no se visualizan posibilidades de que se dote de él. CCM es la ocasión. La unión de una caja asturiana y otra manchega (regiones que ni tan siquiera son limítrofes) es un modelo de unión suprarregional como las que recomiendan los expertos. No hay tensiones territoriales ni suspicacias políticas. Ambas regiones tienen economías diferenciadas y nada redundantes. Y se premia a una caja mediana pero eficaz permitiéndole que juegue, a partir de ahora, en la Primera División de las Cajas. Se podrá objetar que CCM es demasiado bocado para Cajastur. No lo ha considerado así el Banco de España y nadie hay, en materia financiera, más riguroso y exigente que la autoridad bancaria española.