Los Yébenes (Toledo),
Módem Press
Los Yébenes es una población manchega de 6.600 habitantes situada en el corazón de los Montes de Toledo. En enero de 2008 un rumor sobre la quiebra de Caja Castilla La Mancha (CCM) hizo que sus vecinos retirasen sus ahorros. También sufrieron la estafa de los sellos. Ahora, escamados, muchos dicen que el desembarco de Cajastur les es indiferente, pero otros miran con confianza hacia el futuro con la gestión en manos de los asturianos.
«¡Ah, pues no sabía nada!»; «algo he oído», o «o sea, ¿que ya no va a llamarse Caja Castilla La Mancha?» contestan muchos lugareños en la plaza de Valderas y Pedraza, el corazón de la vida del pueblo y a la que todavía acuden los yebeneros a coger agua de la fuente. Ángel, que acaba de llenar dos garrafas, espera que los nuevos gestores de CCM «abran el grifo de los créditos, que está cerrado desde hace mucho y es muy necesario para la industria y las familias de la zona».
Los Yébenes saltó a la fama en enero de 2008, cuando un rumor (cada habitante del pueblo da una versión del inicio del mismo) recorrió el pueblo en pocas horas: «La Caja está en quiebra». Los clientes de la entidad, «medio pueblo», corrieron a retirar su dinero ante el temor de quedarse sin los ahorros, «los cuartos», de toda la vida. En unas horas se sacaron de la oficina de la localidad varios millones de euros. CCM tuvo que llevar el dinero en furgones blindados para afrontar los pagos que reclamaron sus clientes.
Tuvo que ser el propio presidente de la Caja, Juan Pedro Hernández Moltó, quien, al día siguiente, subido a la fuente de la plaza y en una escena más propia del cine de Berlanga que de la España del siglo XXI, tranquilizó a los vecinos, que blandían sus cartillas de ahorros. Aunque ayer nadie admitía que había participado en aquellos hechos. «¿Yo? Nooooooo. Yo sólo tengo unas perrillas y me quedé en mi casa porque confiaba». «Yo ya sabía que era un bulo y dejé ahí el poco dinero que tengo». Así más de una decena de personas consultadas.
Aquel estallido de pánico por el bienestar de sus ahorros no era baladí. Los Yébenes es un próspero pueblo que ha vivido de la ganadería, la agricultura y la caza y en el que en los últimos años ha surgido una boyante industria vinculada a la construcción y de instalaciones y equipamientos. Los rectores de Fórum Filatélico y Afinsa vieron allí un filón y abrieron dos oficinas. La estafa en la que acabó la aventura del sello dicen que se llevó por delante cerca de 15 millones de euros en el pueblo. Así que en cuestión de «cuartos», los yebeneros no se fían ni de su sombra.
En el bar Centro, uno de los cinco bares de la plaza y situado enfrente de la oficina de CCM, media docena de lugareños habla de la temporada de caza. Los Yébenes es uno de los municipios más extensos de España, con cerca de 700 kilómetros cuadrados y sesenta cotos de caza, «de personas de mucho dinero», en los que principalmente se practica la montería de caza mayor. Antonio, apurando una copa de «solysombra» con la que combatir el frío mañanero, es contundente en su opinión: «¿Cajastur? Pues muy bien, seguro que son más serios que los de aquí. La gente del Norte es más formal y más seria para los negocios». José, jubilado, toma un sorbo de su café. «Me he enterado estos días por la prensa, la radio y la televisión de lo de la Caja de Asturias. Yo creo que es bueno para Caja Castilla La Mancha, su futuro, y la seguridad de nuestro dinero. La Caja de aquí ha estado muy mal gestionada. Se metió hasta el cuello en el tema de la construcción e inmobiliario y cuando ha venido la crisis lo han pagado. Por lo que he leído, Cajastur no tiene tantas inversiones en el ladrillo y sí en la industria y eso es más seguro. A mí me parece bien la fusión».
Los parroquianos de este bar hablan mal del que era presidente de CCM hasta que fue intervenida en marzo de este año por el Banco de España. «Moltó es un político y lo pusieron ahí porque era de los suyos, del PSOE (que gobierna en el Ayuntamiento de Los Yébenes), y es un mal gestor; así nos ha ido».
«¿Cómo se llama el de Caja-Asturias? ¿Menéndez? Tiene mejor pinta», explica otro cliente que prefiere el anonimato, pero al que se le ve informado. Al rato, en la calle, confiesa en voz baja: «Yo sí saqué mi dinero». Y explica que tiene «una pequeña empresa y ya estoy muy escamado. Me estaban ahogando porque no había crédito y ante la posibilidad de perder casi todo lo que tenía me lo llevé a otro banco. Ahora lo de Cajastur me parece bien. Es una entidad saneada y si el Banco de España ha tomado esta decisión es porque es seria. Quizá vuelva a llevar allí mi dinero».
A Julia Mendiola, una joven que sale de la oficina de CCM, le da igual y, además, no sabía nada de la operación con Cajastur. «Bueno, si lo han decidido así, me parece bien. Yo estaba tranquila antes y ahora también. ¿Será para mejor, no?».
Tres jubilados aprovechan los pocos rayos de sol de la fría mañana. Hablan de sus cosas, parecen ajenos a lo que pasa en un pueblo en el que ya se ha corrido la voz de la presencia de periodistas. «¿Ustedes están preguntando sobre lo de la Caja y los asturianos?», dice Juan. Cachaba en mano, y frunciendo su arrugada y curtida tez por el trabajo en el campo, a la vez que mantiene en un equilibrio imposible un cigarrillo entre sus labios, baja su voz grave para hacer una confidencia: «No haga caso de lo que le digan. Aquí, después de lo de los sellos, el mejor banco está debajo del colchón. La gente ya no se fía de nadie y de los banqueros menos», sentencia con el asentimiento de sus compañeros de tertulia, José y Julio. «O sea, que de Asturias. Pues de esta zona marchó mucha gente a trabajar en las minas de Asturias. En Los Yébenes también se hacía antes mucho carbón. Eso sí, vegetal, de encina... ¿Así que la caja asturiana ha comprado la de aquí? Pues yo creo que...». Deja la respuesta en el aire, mientras mueve hacia los lados la cabeza en claro signo de desconfianza.