Toledo, Marcos PALICIO
La primera sorpresa fue saber que entrarían en Cajastur; la segunda, descubrir que dentro de Cajastur no estaba Cajastur. Que había un banco. Los empleados de Caja Castilla La Mancha van y vienen de la expectación a la incertidumbre y de la esperanza a los recelos. Les faltan datos, pero el diseño de la fórmula para su integración en la entidad asturiana a través de su filial Banco Liberta ha puesto en guardia a los sindicatos ante la perspectiva de que la nueva estructura pueda diluir su naturaleza jurídica de Caja de Ahorros y la transforme en un «banco malo» de porvenir inseguro frente a la entidad buena, la rica, paradójicamente más pequeña pero adjudicataria de todos los activos provechosos de CCM. Y de inquietudes, advierten, ya sabe demasiado la plantilla de una empresa que viene de desangrarse en negocios inmobiliarios equivocados en tiempos de crisis y de más de siete meses de intervención en los que se han cerrado 42 oficinas y se han dejado de renovar unos 400 contratos.
Cajastur se bajará del caballo allí para buscar soluciones. Fuentes de la caja manchega aprecian el modelo de gestión y el perfil de «caja técnica» que observan en la entidad asturiana, aunque ponen reparos a la arquitectura interna de la operación. Más o menos como los trabajadores, que desde su esquina también recuerdan que Asturias tiene «la única caja a la que se ha convocado una huelga». No preocupa, sin embargo, la solvencia del nuevo propietario tanto como el procedimiento avalado por el Banco de España. En Toledo, capital de La Mancha y de la provincia con más sucursales de CCM -178-, la crónica de ambiente de los días siguientes a la selección de la alternativa presentada por Cajastur detecta pocas precauciones al nivel de la calle y muchas menos en la clase política gobernante que dentro de la entidad financiera absorbida.
El cliente no nota nada, apunta Carlos Jiménez, representante de UGT en la caja manchega y ex miembro de su consejo de administración, pero a su juicio la operación plantea «dudas y reservas. Nos preocupa la fórmula jurídica que se va a utilizar». Los administradores no aclararon el jueves si la nueva CCM seguirá en la Confederación de Cajas de Ahorros (CECA) o pasará a la Asociación Española de Banca (AEB) y eso no alimenta el optimismo. Fernando Botica, de CC OO, teme que en el resultado final gane Cajastur y se pierda CCM «en el limbo como caja de ahorros». «Para ellos no hay ninguna alteración», afirma, «es una inversión más. Pero CCM va a quedar como el banco malo de esta operación». De la aportación de la caja manchega a Banco Liberta, explica, se excluyen «activos malos, de alto riesgo y difícil liquidación». Te llevas lo bueno y me quedo con lo peor, vienen a decir, sobre todo con la corporación de empresas, ese entramado de sociedades intoxicado por el ladrillo que ha dado con la caja manchega en el fango de la morosidad y las pérdidas. Les queda por conocer cómo se financiará la obra social, excluida también de la integración, así como «la clave de bóveda» del planteamiento, «el futuro de los 2.800 puestos de trabajo», define Jiménez. Se preguntan cuántos serán y qué, porque la operación alienta la sospecha de que «ya no vamos a ser empleados de una caja», adelanta.
Todos asumen que Cajastur ha llegado a sus vidas por «total sorpresa» y admiten la posibilidad de que no hubiese alternativa entre la oferta asturiana y la disolución -la «finalista» de BBK era similar en procedimiento-, pero insisten en que no esperaban que ni una ni otra prosperasen «por su instrumento jurídico» y advierten de que «Ibercaja planteaba una fusión por absorción sin más».
«Si quiere, el Banco de España tiene una alternativa», tercia José Manzanero, de CSIF. Él identifica el miedo en la posibilidad de que, «dado que el mercado bancario se está reagrupando y aquí lo que se crea es un banco pequeño, el futuro puede dar lugar a cualquier situación, que se saque a bolsa, se venda a un banco grande? En cualquier caso, nos tememos que entraremos dentro del esquema bancario, con todo lo que ese cambio supone en términos de convenio o de beneficios sociales».
Julio Muñoz, representante en el comité de empresa de CCM de la Confederación de Sindicatos Independientes de Cajas de Ahorros (CESICA), no se define «orgulloso ni contento» delante de una operación que «de la noche a la mañana» llama banco a lo que era caja, aunque no excluye que «si ésta era la única solución, preferimos la luz a la oscuridad». Cajastur será bienvenida «si mantiene el empleo, pero independientemente de que lo que se atisba es la privatización, el problema es que no sabemos si seguiremos siendo empleados de una caja de ahorros».
«La integración plantea dudas y reservas, pero la clave de bóveda es el futuro de los 2.800 empleos»
<Carlos Jiménez
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Representante de UGT y ex consejero de CCM
«Para Cajastur es una inversión más, pero CCM queda como el banco malo de esta operación»
<Fernando Botica
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Delegado de CC OO
«La banca se está reagrupando y aquí se crea un banco pequeño, pueden acabar vendiéndolo»
<José Manzanero
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CSIF