MANUEL FERNÁNDEZ, «LITO»
Secretario general de la federación estatal de MCA-UGT
Oviedo, M. MARTÍNEZ
Manuel Fernández, «Lito» (Mieres, 1947), afronta desde mañana y hasta el sábado en Pamplona el congreso para su reelección, por séptima vez, como secretario general de la federación estatal de MCA-UGT. Fue secretario general de UGT-Asturias desde 1981 hasta 1988, cuando se fue a Madrid. Muchos dicen que éste será su último mandato al frente del metal y la construcción de UGT, dos sectores que sufren la crisis con virulencia.
-La imagen de los sindicatos está «tocada» ante la opinión pública.
-El problema es que se nos atribuye una función institucional oficial que no tenemos. Se piensa que nosotros podemos resolver los problemas, y no está en nuestra mano. Hacemos lo que podemos, y los trabajadores y los ciudadanos se tienen que concienciar de que cuanto más respaldo tengamos, más avanzaremos. Nunca nadie ha regalado nada a los trabajadores. Tenemos enemigos que siempre han combatido al sindicalismo y lo sabemos. El problema es cuando hay trabajadores que se hacen eco.
-¿Qué opinión le merece el presidente de la patronal CEOE, Gerardo Díaz Ferrán?
-Echo de menos a José María Cuevas. Tenía muchas diferencias con él, pero era un hombre con perspectivas de futuro, y Díaz Ferrán no tiene ninguna. Además, uno tiene que dar ejemplo, y él no cumple con lo elemental, que es pagar a sus trabajadores. Si no es capaz de resolver los problemas de su casa, ¿cómo va a dirigir los destinos empresariales e intentar hacerlo con los de todo el mundo? Es lamentable.
-¿Usted también está a favor de negociar una reforma laboral?
-A mí me parecen bien las reformas para avanzar, no para recortar. Los que menos culpa tienen de la crisis son los trabajadores. Yo creo que hay que ajustar muchas cosas, pero que se plantee precisamente ahora sólo da pie a pensar que es para recortar derechos. Además, para hablar de futuro primero hay que arreglar el presente. Si no se desbloquea la negociación colectiva, no hay de qué hablar.
-Acusan a los sindicatos de estar muy quietos y no hacer movilizaciones.
-Nunca nos tembló el pulso para movilizarnos. Lo hicimos con todos los gobiernos. Pero tienen que justificarse y este Gobierno, pese a todas las dificultades y errores, respeta los acuerdos y negociaciones con los sindicatos y defiende la política social sin recortes, lo contrario de lo que hicieron los anteriores. Y mientras no atente contra eso, no hay razones objetivas para salir a la calle contra él.
-Entonces, una huelga ni se la plantean.
-Los empresarios han sido los primeros en pedirla, porque la derecha económica y política coinciden y ahora más que nunca. Si jugamos al cuanto peor, mejor y nos unimos a eso, ¿qué pasaría?
-¿Usted ve la salida de la crisis?
-Creo que no es verdad que estemos saliendo. Y no lo haremos hasta que baje considerablemente la tasa de paro. Esto va a durar bastante. En este país hay mucho contrato precario y es gratis despedir. Se crea mucho empleo a partir de un crecimiento del 2 por ciento, y la economía española aún está cayendo. Pero lo primero que tenemos que decidir es qué modelo de país queremos, para luego saber qué formación necesitamos. Nosotros hace años que exigimos un modelo de política industrial, con una apuesta clara por la investigación, el desarrollo y las nuevas tecnologías. Ése es el gran reto. Ahora, por lo menos, se empieza a hablar de ello. Falta pasar a la acción y que todos nos pongamos a construir. Ser patriota es arrimar el hombro.
-¿Lo dice por la patronal o por la oposición?
-Aquí hay gente que no quiere salir de la crisis, salvo que se lleve por delante al Gobierno. Y los empresarios sólo quieren ganar dinero a costa de los otros. Así malamente se pueden hacer cosas.
-La industria se mantiene.
-Sólo se mantiene porque han funcionado las medidas estatales para el sector con más desarrollo tecnológico, que es el del automóvil. Es el mejor termómetro, porque hace que en Asturias tengamos una siderurgia muy competitiva, provoca el desarrollo de bienes de equipo, del sector financiero, etcétera. Pero hay otra industria que está en plena destrucción, que es la de la construcción. Porque no se trata sólo del que pone los ladrillos, sino de todos los oficios, profesiones y dinero que mueve. ¿Cuántos años llevamos alertando de la burbuja inmobiliaria? Nadie nos hizo caso. El caos llegó cuando coincidió en el tiempo con la crisis financiera. Pero sin crisis mundial, España estaría igual en crisis.
-Usted fue miembro del consejo de administración de Arcelor, y ahora la siderúrgica prepara una reducción de más de un millar de empleos.
-Hace tiempo que había desajustes que tienen que ver con la estructura (personal de oficina), no con el mantenimiento o la producción, donde ya está muy ajustado. Ahora hay que pelear por lograr que si se reducen empleos en estructura se generen en producción y mantenimiento. Conseguir que no se destruya empleo, sino que se cambie.
-¿Cómo?
-En cuanto levantemos cabeza hay que exigir la reconstrucción del horno alto B, porque eso conllevará muchas más inversiones y la posibilidad de diversificar más la producción. Pero, además, se debe generar empleo en el entorno de Arcelor, empleo inducido. Yo soy optimista porque nuestra siderurgia es muy competitiva.
-¿Está saliendo de la crisis?
-En la siderurgia mundial hay síntomas positivos, pero aún hay que esperar un poco. Aquí en Asturias los ajustes podrían haber sido peores, y era lo que temíamos cuando se paró el horno alto, porque en muchas ocasiones no se vuelven a arrancar.
-¿Éste es su último congreso?
-No me gusta hablar de eso, pero si no es el último, estará muy cerca.