Oviedo,
Marián MARTÍNEZ
Lakshmi Mittal, emperador del acero, reorganiza su imperio. Sus plantas siderúrgicas se reparten por todo el mundo y, aunque el magnate sigue llevando su negocio como si se tratara de una empresa familiar, las pérdidas y los beneficios van por continentes. La globalización, que convirtió a un hombre nacido en una aldea perdida del Rajastán indio en uno de los más poderosos del mundo, le obliga en esta época de crisis a aplicar fórmulas que le permitan mantener su compañía a flote y volver a los beneficios. Para ello mueve sus fichas entre plantas, regiones, países y continentes, y con ellas van y vienen las producciones, las inversiones, los cierres y los despidos.
¿ Y cuál será el futuro de las plantas asturianas en esta partida de ajedrez siderúrgico que juega Mittal? Según los expertos, serán unas instalaciones con una plantilla de unos 5.000 trabajadores -muy ajustada a su producción-, en la que se realizarán inversiones en consonancia a las ratios de productividad y beneficios que logren y en competencia directa con otras plantas de Europa. Asturias representa el 2 por ciento del gigante mundial del acero y está en un mercado saturado y con pocas perspectivas de crecimiento. Mittal ve el futuro de su empresa en las llamadas economías emergentes.
El acuerdo de fusión entre Arcelor y Mittal en junio de 2006 ya distinguía el futuro de la multinacional entre las plantas del Viejo Continente y Norteamérica, y las fábricas en países en desarrollo. Para las primeras, entre las que está Asturias, se daba prioridad a la investigación y el desarrollo (la I+D), con el objetivo de que los avances repercutieran en todo el grupo y, por tanto, aportasen beneficios. En el otro lado, en los países emergentes, lo importante es el volumen de producción, porque su desarrollo conllevará demanda y consumo. Y más beneficios. Todo ello no excluía, por supuesto, la ampliación y diversificación del negocio, en lo que Mittal es un especialista. Ni tampoco excluía una reorganización, teniendo en cuenta que había que darle forma al gigante.
A groso modo, este plan es el que el primer accionista y presidente del gigante siderúrgico está ejecutando. Sólo que la crisis mundial le ha obligado a acelerar esos «ajustes». El primero, reducir la producción. Lo que conllevó la parada de múltiples instalaciones en Europa y en Estados Unidos, para adaptarse a la escasa demanda y el exceso de «stock» que sus clientes almacenaban. La consecuencia inmediata fue la reducción de empleo, con múltiples variantes. Desde el expediente de regulación de empleo para sus 12.000 trabajadores en España (6.000 en Asturias) hasta los despidos directos en otros países.
De manera simultánea, se inició una economía de guerra dentro de la empresa. La prioridad absoluta era el ahorro. Había que reducir la abultada deuda que supusieron las numerosas compras que Mittal había realizado por todo el mundo. Así que el recorte de gastos afectó tanto a los viajes de los ejecutivos como a la casi extinción de los folios en las oficinas.
Entre enero y septiembre de 2009, los beneficios cayeron un 73 por ciento respecto del mismo período del año anterior. Pero su cúpula directiva estaba contenta: en el último trimestre se había conseguido salir de los números rojos y las previsiones, sin echar las campanas al vuelo, son mucho mejores que hace un año.
Ya se han empezado a arrancar instalaciones fabriles, como el horno alto B de Asturias, y se anuncian nuevas inversiones. En el caso del Principado, 11,3 millones de euros para las plantas de Avilés y Gijón. Pero la multinacional anuncia que las grandes inversiones, la reconstrucción del horno alto B y la ampliación de las acerías seguirán paralizadas y sin fecha en el calendario. Y va más allá al anunciar que pretende ampliar el ERE otros seis meses más, porque «da mucha flexibilidad cuando el mercado no está plenamente recuperado», afirma Gonzalo Urquijo, director general de la compañía. De hecho, seguirá parada la línea de pintura de Avilés, y la de hojalata prácticamente no funcionará en diciembre. Tampoco se esperan novedades en el resto de instalaciones en las que se está aplicando la regulación de empleo.
Aún no se había recuperado el mundo siderúrgico asturiano del desconcierto cuando se conoció que Mittal estudia fórmulas legales para eliminar hasta 1.000 empleos en Asturias, la mayoría en las oficinas y con prejubilaciones. La compañía anunció, a continuación, que parte de la producción de la planta vizcaína de Etxebarri se trasladará a Avilés, lo que en teoría supondría perder allí 120 empleos y ganar algún puesto de trabajo en Asturias. Pero, por el contrario, los pedidos de la línea de pintura de Avilés se van a Navarra, más próxima a los grandes fabricantes de electrodomésticos.
Mittal no mueve sus fichas sólo de región a región. También las cambia de continente. El próximo año desmantelará el centro de finanzas y contabilidad para España ubicado en Gijón, y también los de Francia, Bélgica y Luxemburgo, para centralizarlos en Polonia.
La razón es siempre la misma: ahorro de costes y búsqueda de la máxima eficiencia. La misma que le sirve también a Mittal para seguir construyendo y ampliando fábricas en el denominado grupo BRIC, acrónimo de los emergentes Brasil, Rusia, India y China. Recientemente, acaba de hacerse con la totalidad de la siderúrgica Ostrava, de la República Checa, amplía las plantas en Brasil y sopesa construir una nueva en India. En estos países ya empieza a sumar beneficios, mientras que en Europa Occidental y en Estados Unidos la recuperación del mercado siderúrgico no se prevé para 2010 y no será demasiado alegre tampoco en 2011.
Desde el punto de vista empresarial, lo que está haciendo Mittal es lógico. Pero desde el punto de vista político y social, su ajedrez «es muy preocupante, sobre todo de cara al futuro», aseguran los sindicatos y admiten en voz baja muchos políticos. Quien mueve las piezas es Mittal, él decide los movimientos sobre el tablero. Aunque algunos los cuestionen: después de aplicar un feroz recorte de costes, de buscar «soluciones no traumáticas» para los trabajadores y de congelar inversiones siderúrgicas, la familia Mittal adquiere la marca de alta costura Escada por una cantidad de que no se ha hecho pública. Sí se sabe que la pilotará la esposa de Aditya Mittal, Megha Mittal, que llevaba tiempo buscando su oportunidad en el mundo de la moda.
Mientras, los sindicatos esperan que la cúpula de la empresa en España les convoque para negociar el convenio colectivo, conocer sus pretensiones con el expediente de regulación de empleo, el volumen que se pretende de plantilla o las inversiones... En definitiva, para negociar el futuro de 12.000 empleados en todo el país y de 6.000 en Asturias, a los que hay que sumar el empleo indirecto. Son, a su pesar, piezas del ajedrez global al que juega Mittal.
Demanda
La recuperación del mercado siderúrgico no llegará a Europa y Estados unidos hasta bien entrado el próximo año y los expertos consideran que en 2011 el empuje de la demanda no será especialmente intenso tampoco.
El frente emergente
Ante esta perspectiva, Mittal está reorganizando su imperio siderúrgico para empezar a captar los beneficios allá donde se producen: en el llamado grupo BRIC, las economías emergentes que constituyen Brasil, Rusia, India y China. Mientras que las instalaciones asturianas tienen suspendidas «sine die» las inversiones, el magnate siderúrgico amplía sus plantas en Brasil y sopesa la construcción de nuevas instalaciones en la India.
Dura competencia
El futuro de las plantas europeas estará marcado por una dura competencia entre ellas.