Oviedo, L. G.
La luz volverá a subir el próximo enero. Lo hará en una medida que el Gobierno y el sector energético han estimado entre el 2,7% y 3%, pero que con precisión no se conocerá hasta después del 15 de diciembre. El compromiso de frenar la deuda contraída con las empresas eléctricas y el pago de los incentivos para el desarrollo de las energías renovables y para asegurar el consumo del carbón nacional están detrás de un encarecimiento que, de confirmarse en las proporciones comentadas, supondrá alrededor de 1,7 euros al mes para un consumidor medio. Desde 2005, el recibo de la luz para ese mismo consumidor se habrá incrementado un 35% si se confirma esa próxima subida.
La cuenta es así: el gasto eléctrico de una vivienda con un equipamiento convencional -incluida cocina vitrocerámica y calefacción con gas natural- supone 3.800 kilovatios/año; en 2005, tal consumo suponía 42 euros al mes (505 al año), impuestos incluidos; el coste actual es de 55,4 euros y llegará a los 57 (684 anuales) en 2010, una vez aplicada la revisión del 2,7% que prevé el Ejecutivo. Las subidas inmediatas anteriores fueron en enero de 2009 (3,5%) y en julio (2%), esta última coincidiendo con el final de las tarifas convencionales y la implantación de la conocida como tarifa de último recurso (TUR).
El Ministerio de Industria se apresuró ayer a matizar las informaciones periodísticas en las que se anunció que la luz subirá en enero un 7%. Esas aproximaciones se basaban en el hecho de que el Gobierno ha informado a la Comisión Nacional de la Energía (CNE) de su propósito de subir una media del 14% las llamadas tarifas de acceso. Éstas vienen a suponer la mitad del recibo. La otra mitad la determina un precio que se fija mediante una subasta, un mecanismo pensado para anticipar lo que costará producir la electricidad durante los próximos meses. La suma de ambos capítulos -peajes y resultado de la subasta- determina la tarifa de último recurso (TUR), a la que están acogidos más de 20 millones de clientes domésticos, 500.000 asturianos.
La subasta que resta para conocer el alcance de la subida de enero se celebrará el 15 de diciembre y sobre su desenlace se han hecho conjeturas como las siguientes.
l Varias informaciones periodísticas dan por hecho que el resultado de la subasta será neutro, que ni encarecerá ni abaratará el recibo. De ser así, la subida final responderá al impacto del incremento en las tarifas de peaje y rondará el 7%.
l El Gobierno sostiene, basándose en las cotizaciones que está teniendo la electricidad en los mercados de futuros, que la subida final de la tarifa de último recurso «podría representar un incremento en torno al 2,7%». Para que ello sea posible la subasta del día 15 debería saldarse con una reducción muy relevante de los precios, suficiente para compensar buena parte de la subida de las tarifas de peaje.
El abaratamiento del petróleo y de otros combustibles fósiles y el descenso de la demanda por la crisis han abaratado este año los precios de la energía en el mercado mayorista de la electricidad. Tanto que las distribuidoras están pagando un 30% menos por el kilovatio que en 2008. La aparente paradoja será que, a pesar de ocurrir así, la luz subirá porque hay que cumplir el compromiso de frenar el denominado déficit tarifario (deuda acumulada por el sistema con las empresas) y para hacer frente, entre otros gastos, a las primas que reciben los productores de energías renovables (más de 4.000 millones al año) y las que recibirán también, según un acuerdo reciente, las térmicas que usan carbón nacional, entre ellas varias de las asturianas.
La electricidad subió hasta 2005 menos que la inflación. Antes, con los gobiernos del PP, la tarifa llegó incluso a descender. Esa práctica, unida a ciertas estrategias de las eléctricas, condujo a que, a partir de 2000, comenzara a acumularse un déficit entre lo que se pagaba por la luz y los costes presumiblemente reales que declaraba el sector. Tal déficit llegó a los 14.000 millones y a convertirse en un lastre, alimentado además por los costes que supone pagar las primas a la producción de energías «verdes», sobre todo la eólica. A partir de 2005, con el PSOE en el Gobierno, la luz subió siempre más que la inflación.
La tarifa de último recurso
La tarifa de último recurso (TUR) sustituyó a las tarifas convencionales el pasado 1 de julio, coincidiendo con el avance en la liberalización del mercado eléctrico. La filosofía es que la TUR recoja los costes reales de la electricidad (generación, transporte, distribución...) y evite la acumulación de déficits por diferencia entre esos costes y lo que pagan los consumidores.
Los peajes de acceso
Aproximadamente, el 50% del precio de la TUR lo determinan las tarifas de acceso. El Gobierno ha informado a la Comisión Nacional de Energía de su propósito de elevar esas tarifas una media del 14% para los clientes de baja tensión, entre ellos unos 25 millones de hogares.
La subasta
La otra mitad que fija el precio de la TUR se determina mediante una subasta entre los comercializadores de electricidad. Allí se fijara el coste estimado que en los meses siguientes supondrá la producción de la energía y el margen comercial de las empresas que la venden. Ante la evolución reciente del mercado, los precios de la subasta deberán ser más bajos que los de hace seis meses y amortiguar al menos en parte la subida de las tarifas de acceso.
Las subidas anteriores
En enero de 2009, el precio de la tarifa entonces vigente subió una media del 3,5%. En julio, coincidiendo con el estreno de la nueva TUR, los precios se encarecieron el 2%.