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CÁNDIDO PAÑEDA CATEDRÁTICO DE ECONOMÍA APLICADA DE LA UNIVERSIDAD DE OVIEDO El objetivo de este artículo es rendir un obligado homenaje a Paul A. Samuelson (15 de mayo de 1915-13 de diciembre de 2009), el primer Nobel de Economía individual (1970), ahora que, justamente por ser mortal, se ha convertido en inmortal. Samuelson es inmortal porque nos ha transmitido un legado en el que se incluyen, al menos, dos «cosas inmateriales» que han sido revolucionarias: unos fundamentos y unos principios. Hablaré de ambos y, posteriormente, cerraré el artículo reiterando su visión de la economía capitalista.
La obra fundamental de Samuelson es su libro «Fundamentos del Análisis Económico», que se publica en 1947 y que se había terminado en 1941, a sus 26 años, momento en el que obtiene el grado de doctor con dicho trabajo, que es revolucionario por dos razones fundamentales: primera, porque lleva a que toda la investigación económica posterior de corte teórico se termine desarrollando en clave matemática. La culpa la tuvo Wilson, uno de sus profesores en Harvard, quien había sido discípulo de Gibbs, el matemático, físico y químico de Yale que nos dejó esa famosa frase con la que se abre «Fundamentos»: «Las matemáticas son un lenguaje». Consecuentemente, lo primero que le debemos a Samuelson es esa revolución formal, ese cambio permanente del nivel de la investigación en teoría económica, desde la argumentación literaria o gráfica hasta la argumentación matemática.
La segunda razón por la que los «Fundamentos» es una aportación revolucionaria es porque anima a ir hacia una ciencia económica basada en el contraste empírico de las teorías. A las alturas de 1941 esto era una novedad en la economía, ya que la economía seguía siendo una ciencia que, por razones que tienen su lógica, daba por válidas sus teorías sin contrastarlas con los datos. Dicho de otra manera, todavía no se había enterado de que el Positivismo Lógico, primero, y Popper después (en 1934, pero en alemán) habían enviado al reino de lo no científico a las argumentaciones no contrastables. Las cosas empiezan a cambiar en la economía en 1938, con la introducción del criterio de falsación de Popper por parte del metodólogo Hutchison, pero quien hace realmente operativa esta idea es el economista Samuelson. Así, el objetivo que se plantea con «Fundamentos» era el de obtener «hipótesis sobre los datos empíricos potencialmente refutables, aunque sólo sea bajo condiciones ideales». En definitiva, Samuelson nos dice que hay que trabajar con conceptos que, aunque no sea directamente, en principio se puedan medir, y que lo demás no tiene ciencia. Esto supone ir por una vía radicalmente distinta de la transitada por la economía en aquella época y Samuelson es muy consciente de ello: «Antes de mediados de los treinta del siglo XX la teoría de la utilidad mostró señales de haber degenerado en una tautología estéril. La utilidad psíquica o satisfacción no estaba definida, por no hablar de medida», y esto es justamente lo que trata de cambiar radicalmente con su teoría de la preferencia revelada de los años treinta y, en general, con la propuesta realizada en «Fundamentos» de ir hacia una teoría económica contrastable.
La propuesta de Samuelson en los «Fundamentos» es, pues, revolucionaria, tanto en lo que respecta a lo que debe hacer la teoría económica para ser realmente una ciencia (formular hipótesis contrastables) como en lo que se refiere a las herramientas que se deben utilizar en la investigación teórica (las matemáticas). Ahora bien, una cosa es la investigación y otra cosa, muy diferente, es la docencia en los primeros cursos de los estudios de economía. En estos últimos hay que centrarse en el razonamiento literario y gráfico y así nos lo hace ver en su manual de «Economía», cuya primera edición es de 1948. Samuelson es también revolucionario en este terreno, en el que hay un antes y un después de la publicación de su manual. Sin ningún tipo de exageración, se puede afirmar que, con excepciones notables como la «Economía Política» del Nobel Edmund Phelps, todos los manuales de introducción a la economía que se han publicado posteriormente son «variaciones sobre el mismo tema»: el sabio manual de Samuelson que ya va por su decimonovena edición.
Tal y como nos señala Kuhn, un paradigma es un «logro científico aceptado universalmente» y, también, un «conjunto formado por creencias, valores, técnicas, etcétera, compartidos por los miembros de una comunidad científica». Pues bien, Samuelson nos aporta lo uno y lo otro. Así, por una parte, en las publicaciones de Samuelson hay formulaciones ejemplares en todas las direcciones: desde la microeconomía hasta la macroeconomía, pasando por diversos campos aplicados tales como la economía internacional o la economía pública, en todos los cuales ha desplazado la frontera del conocimiento. Por otra parte, y como ya he señalado, la técnica matemática es compartida por los teóricos de la economía desde el libro «Fundamentos» de Samuelson y prácticamente todos compartimos su forma de enseñar los principios de la economía.
Finalmente, hay otro legado que, gracias a la insistencia de Samuelson, compartimos (con los inevitables y saludables matices) la gran mayoría de los economistas: la visión del capitalismo en clave de «economía mixta». La razón que nos aporta Samuelson es clara y ya la he señalado en un artículo anterior («No des al mercado lo que no es del mercado», LNE, 16 de mayo de 2004): la vida es competencia, pero también suerte. Por esa razón, porque el azar existe, precisamos una red de seguridad que es la democracia y el Estado del bienestar: «la democracia es el sistema de reaseguro mutuo más importante que se haya inventado jamás. Cuando vemos a un amigo haciendo cola para cobrar el paro nos decimos: ahí estaría yo de no ser por la gracia de la oferta y la demanda».
En resumen, además de sus «Fundamentos», sus principios y sus muchas investigaciones paradigmáticas, la gran lección que nos deja Paul A. Samuelson, uno de los gigantes de la ciencia económica del siglo XX, es que la competencia es fundamental, pero que el azar también existe. Por ello, y con el objetivo de asegurarnos contra la mala suerte, Samuelson nos dice que el mercado, pilar básico de nuestro sistema económico, se puede y se debe combinar con el Estado. En definitiva, que vivimos y viviremos en una economía mixta.
paneda@uniovi.es
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