Avilés / Oviedo,
Marián MARTÍNEZ
Los abanderados del ejemplo práctico de la colaboración entre el centro de I+D de Arcelor-Mittal en Asturias y las plantas siderúrgicas son los miembros del equipo de oxilanza. Son los guardianes de los hornos altos de Arcelor-Mittal, los que consiguen pararlos, mantenerlos y arrancarlos sin que se produzcan averías multimillonarias. Y son también los que más trabajo han tenido con la crisis, vigilando la parada de hornos y ahora su arranque.
«Son los que más visibilidad nos dan en las plantas de producción. Ven cómo trabajan en colaboración los técnicos del centro de I+D con los especialistas en los puestos de trabajo y entonces se animan a plantearnos sus problemas, lo que nos permite lanzar proyectos de mejora en aquellas instalaciones», explica Nicolás de Abajo, director del centro avilesino.
El equipo lo integran dos personas del centro de I+D y otros seis especialistas en distintas materias que trabajan en los hornos altos de Veriña (Gijón). «Ellos ponen el "know how", la práctica, y nosotros, el desarrollo tecnológico. Es así como nos complementamos y funcionamos en todo el mundo».
Este equipo surgió cuando se comprobó que el arranque de los hornos se podía mejorar con una especie de lanza o tubo que introduce oxígeno y propano, un «mix» de gases que beneficia el arranque del horno alto en condiciones más estables y evita problemas derivados de los cambios de temperatura, que pueden provocar enormes y cuantiosas averías que incluso pueden conllevar el cierre definitivo de la instalación.
Esta técnica se utilizó por primera vez en Asturias cuando se «emborricó», como se dice en la jerga siderúrgica, el horno alto A de Gijón pocos días después de arrancarlo tras su costosa reforma. A partir de ese momento el centro de I+D de Avilés y trabajadores del horno empezaron a perfeccionar técnicamente el sistema y ahora viajan con la oxilanza por todas las instalaciones de Arcelor-Mittal.
«Éste es un claro ejemplo de la ventaja que supone que el centro de investigación y desarrollo esté junto a las plantas de producción, porque se puede producir un verdadero intercambio de conocimiento entre los trabajadores que están en el día a día y los investigadores, y, además, se puede probar con prácticas reales. Ser plantas pilotos, como es el caso de las instalaciones asturianas, también es una ventaja», asegura Nicolás de Abajo.
Quedan ocho hornos por arrancar en Europa. Trabajo seguro.