Oviedo, Javier CUARTAS
Las empresas asturianas presentan aún, por lo general, debilidades en su cultura innovadora, según un estudio elaborado por la patronal asturiana FADE, en el que se pone de manifiesto, tras encuestar y analizar a 110 compañías de la región de entre las que tienen un cierto grado de predisposición favorable a la innovación, que existen aún carencias significativas que se precisa corregir. Este estudio, pionero en Asturias, y del que existen antecedentes similares en el País Vasco y Castilla y León, ha permitido a la patronal asturiana poner en marcha un plan formativo para directores de innovación y para gestores y técnicos, del que ya se han impartido varios cursos piloto, con la finalidad de subsanar esas debilidades y fortalecer la capacidad innovadora de las compañías de la región.
El denominado proyecto «Innovages XXI» ha diagnosticado cinco grandes retos para el desarrollo y potenciación de la cultura innovadora en la empresa asturiana. Una de las conclusiones del estudio apunta a que los directivos responsabilizados del área innovadora en cada empresa no deben limitarse a «gestionar» la innovación, sino que «tienen que ser capaces de dinamizar los procesos de innovación en un sentido amplio», por lo que reclama el «fomento de la creatividad», cuya «escasa» promoción «supone un claro freno de la capacidad innovadora».
Concluye a su vez que la gestión de la innovación «no puede considerarse responsabilidad de un único departamento» de la empresa, «ni tampoco un cometido exclusivo del director de innovación», por lo que el estudio recomienda que los «responsables de innovación deben trabajar de forma conjunta con las distintas áreas implicadas y aprovechar» para ese fin «los recursos de marketing, producción, compras, ingeniería, calidad» e incluso factores externos de la empresa para lograr «un desarrollo eficiente».
El proyecto «Innovages XXI» alerta a su vez de que en Asturias «todavía no se comprende bien» que la innovación ha de ser un «proceso sistemático, continuo y estrechamente vinculado a la estrategia general de la organización», por lo que en la mayoría de los casos las empresas de la región, «con independencia de su dimensión y actividad», afrontan la innovación para resolver «necesidades» concretas, pero aún no como «un planteamiento estratégico». «En un elevado número de empresas, el enfoque más habitual» de la actividad innovadora sigue centrado, señala el dictamen, en la mera «gestión de proyectos» aislados.
Por ello, el estudio detecta «la falta de cultura innovadora, que afecta a todo el sistema, especialmente al sistema educativo», por lo que reclama «la introducción de una cultura de la innovación desde edades tempranas» en escuelas, centros de formación profesional y demás ámbitos educativos, de suerte que «los jóvenes, que en el futuro constituirán nuestra principal fuerza de trabajo, hayan sido formados en una cultura de la innovación».
La investigación alerta asimismo de que en Asturias no existe la definición del perfil reconocido de director ni de técnico de innovación, y que esta caracterización tampoco está recogida en el catálogo nacional de cualificaciones. Con el proyecto «Innovages XXI», FADE propugna, precisamente, «sentar las bases para que estos perfiles sean tenidos en cuenta».
Se entiende por perfil profesional el conjunto de competencias (conocimientos, capacidades y actitudes) que identifican la idoneidad de la formación de una persona para asumir, en condiciones óptimas, responsabilidades propias en el ámbito analizado; en este caso, la innovación en el seno de la empresa.
El estudio se hizo analizando las características y capacidades de las personas encargadas de la innovación en 110 compañías de la región y su comparativa con las competencias ideales para desempeñar tales cargos, según el perfil óptimo previamente diseñado por un panel de expertos. Los déficit a resultas de esta comparativa han permitido detectar las necesidades más acuciantes sobre las que deberán focalizarse los esfuerzos para una mejora de la cultura innovadora en las compañías asturianas.
El trabajo ha identificado la necesidad de mejora de las empresas en varios frentes: «Fomento de la creatividad, planificación y programación, gestión de resultados, vigilancia (es decir, recogida, tratamiento y validación de información clave para la empresa) y gestión de recursos».
El plan «Innovages XXI».
El diagnóstico.
El proyecto «Innovages XXI» ha detectado que «el actual desempeño de las ocupaciones de director y gestor de innovación» en las 110 empresas asturianas analizadas «no alcanza, por término medio, el nivel considerado deseable por los expertos, salvo excepciones».
En conjunto, los mayores déficit detectados en el desempeño de ambas ocupaciones se registran en la planificación y programación de la innovación, la implantación de un sistema para gestionar el I+D+i y la aplicación de incentivos fiscales.
El estudio propone una formación intensiva y continua en el ámbito de la innovación, y la actualización de conocimientos mediante la organización de jornadas, talleres y seminarios.
El informe sugiere asimismo la conveniencia de mejorar la eficacia mediante «la identificación y divulgación de buenas prácticas a través de las diferentes alternativas de divulgación y formación».
Los cursos de FADE.
La patronal FADE, a partir de las conclusiones de este trabajo, ha puesto en marcha sendos cursos piloto para formación de directores y gestores de innovación. A los dos primeros, con carácter experimental, concurrieron 29 personas de distintas empresas de la región. A partir de la evaluación de los resultados de estos seminarios, FADE pretende desarrollar cursos de mayor duración para impartir las destrezas en las que se ha percibido mayor déficit.