Mieres del Camino,
José Luis SALINAS
El mierense Manuel Castro será uno de los primeros españoles que se tengan que jubilar casi con 67 años. Nació en 1959, justo en el límite que ha establecido el Gobierno. «No estoy de acuerdo con la medida y lo que realmente hace falta ahora es acabar con los más de cuatro millones de parados que hay en España y no planes para hacernos trabajar más», asegura. Castro abrió su tienda, de reparación y accesorios para el automóvil, hace unos 27 años, los mismos que lleva cotizando al régimen de autónomos. «Si me aseguran que después de jubilarme voy a durar muchos años más, puede que no me llegue a importar retrasar la jubilación, pero quién me garantiza que después de toda una vida trabajando vas y no pasas de los 68», indica.
Tampoco le convence que durante los últimos años muchos de sus vecinos se hayan ido prejubilando, en esto sí que coincide con los planes del ministro de Trabajo, Celestino Corbacho, que recientemente manifestó su intención de acabar con este sistema. «Si la edad se va a retrasar que sea para todo el mundo, para los empleados de Arcelor, Hunosa y para los banqueros», destaca el mierense. A sólo unos metros de la tienda de Castro, Marcos Fernández recoge alguna de las mesas de la terraza de su bar, comienza a llover y los clientes se refugian en el interior del local. Fernández, que está a punto de cumplir los 38 años, asegura que «no me veo con 67 años con la bandeja y sirviendo cafés a los clientes». «Yo cotizo para mí y no para los demás, y lo que tiene el Gobierno es un fuerte afán recaudatorio, de hecho en el bar cada poco estamos teniendo inspecciones», asegura.
José Vázquez (38 años) y Eva Álvarez (37 años) hacen una pausa en su jornada laboral (él trabaja como carnicero y ella como reponedora en el mismo supermercado) tomando un café y leyendo LA NUEVA ESPAÑA. Vázquez hecha cuentas: «Llevo 20 años cotizando a la Seguridad y Social y por lo que parece aún me quedan otros 27, no es justo. Muchos de los que estaban en Hunosa con 40 años ya están en su casa sin trabajar». A Eva Álvarez tampoco le convencen los planes del Gobierno central: «Es imposible llegar a esa edad trabajando, no tienes las mismas facultades físicas ni mentales para estar de cara al público. Quizá sí en una oficina, pero en un oficio como el nuestro...».
A José Luis Díaz le pillará por los pelos las nuevas medidas para el retraso de la jubilación. Tiene 55 años y lleva buena parte de ellos vendiendo cupones en una céntrica calle de Mieres (tiene 32 años cotizados a la Seguridad Social). El cuponero tampoco comprende por qué antes de atajar medidas como el constante incremento que están sufriendo las cifras de parados en España se adoptan medidas, según señala, «que lo único que pueden provocar es que el desempleo siga incrementándose en nuestro país». Y señala: «Lo que no es lógico es que el Gobierno quiera retrasar la edad de jubilación mientras que yo tengo un hijo de 24 años que se pasa el día en casa porque no encuentra trabajo. Lo que se debería hacer es todo lo contrario, adelantar la jubilación de la gente para que los jóvenes puedan entrar en el mercado laboral».
Una tesis similar defiende el taxista José Alberto Fernández. Aunque apunta que «no es un sistema justo, y menos como me ha pasado a mí, que después de intentar incrementar la base de mi cotización me lo han denegado, y encima ahora quieren que trabaje dos años más». «Dentro de lo que cabe», añade, «en mi oficio es fácil seguir conduciendo a esa edad, pero imagínate alguien que esté trabajando en la construcción o en la siderurgia». De cara al futuro, Fernández se muestra pesimista: «Me quedan 13 años para jubilarme, seguro que cuando llegue la fecha lo vuelven a retrasar».