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Una familia de dos velocidades

El langreano Aitor Lucena tendrá que trabajar 25 años más que su padre, que se prejubiló en la minería a los 42, si se retrasa la edad de retiro

 
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Aitor y José Antonio Lucena.
Aitor y José Antonio Lucena. fernando rodríguez

Langreo, Elena PELÁEZ

Aitor Lucena Martínez tiene 24 años. Cuando llegue a la edad en que su padre se prejubiló le quedarán al menos 25 años de vida laboral, si sale adelante la propuesta del Gobierno para retrasar la edad de jubilación. El langreano José Antonio Lucena Pantoja, de 47 años, alcanzó el retiro hace cinco, tras 16 años de trabajo en el pozo Candín de Hunosa, al que precedieron otros oficios en sectores como la construcción y la hostelería. A su único hijo, Aitor, le quedan dos años para terminar la carrera de Historia y no es optimista con el futuro que aguarda a la juventud.

El rechazo al aumento legal de la edad de jubilación de los 65 a los 67 años que propone el Gobierno central une a padre e hijo, ya que ambos están afectados. Aitor, porque disfrutaría más tarde de su jubilación, y José Antonio, porque esta medida va acompañada de la ampliación del cómputo de años trabajados para determinar la cuantía de la pensión, que hasta ahora era de quince. «Tengo que sumar el tiempo que estuve sin asegurar y cuando mi cotización era la mínima, porque tuve varios trabajos antes de la mina», dice.

Aitor tacha de «estupidez» la propuesta del Gobierno. «Mejor me busco un trabajo tranquilo», asegura este joven estudiante langreano ante la perspectiva de no poder disfrutar de la jubilación a los 65 años. «Esto es un paso atrás», indica su padre, que considera que «un albañil no puede estar subido a un andamio ni poniendo ladrillos a los 67 ni a los 64 años, por mucho que aumente la esperanza de vida». Por eso, habría que diferenciar entre unas profesiones y otras y tener en cuenta aspectos como la «penosidad o el desgaste físico». «De eso sabemos mucho», subraya José Antonio, cuyo padre emigró desde Andalucía a Asturias para trabajar en la mina durante 27 años. Aitor no bajará al pozo como lo hicieron su padre y su abuelo. De hecho, critica la forma en la que se llevaron a cabo las prejubilaciones. «Servirían en principio para meter a gente joven y revitalizar la mina, pero mandaron a los obreros para casa y a los jóvenes no nos quieren. Sólo están desmantelando», señala.

Tampoco cree que se deba aplicar a todos los empleados independientemente de sus trabajos la misma medida, poniendo una única edad para la jubilación. «No es lo mismo ser médico que minero», tercia su padre en la conversación. Ambos defienden una misma idea ante planteamientos de la envergadura de la realizada por el Gobierno: un referéndum. «Los gobernantes tienen que preguntar a los ciudadanos no sólo esto, sino otras propuestas que realicen. En este caso, sabemos que sería un rotundo no», apunta Aitor, que piensa que la ampliación de la edad de jubilación no saldrá adelante.

José Antonio echa en cara al Ejecutivo central que su principal preocupación no sea en este momento el paro, «el problema más grave», dice. «Hay que generar actividad y reducir la lista de desempleados y aumentar así las cotizaciones», comenta, para añadir a continuación que un retraso de la edad de jubilación llevará consigo que «las empresas no se regeneren», que no contraten a nuevos trabajadores. Porque, manifiesta, los empleados «se tienen que poder retirar en el momento que les permita poder disfrutar después de muchos años de trabajo».

«Lo van a pagar en las urnas», afirma José Antonio, que alude al «desorden político» de un país en el que «la oposición se limita a rechazarlo todo, no a generar ideas». «Es el único país en el que la oposición no se involucra en la labor de Gobierno», indica.

Su hijo cree, en cambio, que es una cuestión «inherente a la democracia». Se refiere a las últimas propuestas como «medidas liberales para meternos en un capitalismo que es el que nos llevó a la crisis económica actual». Ante esta situación, su propuesta pasa por la nacionalización de empresas.

Aitor tiene claro qué es lo que le espera dentro de dos años, cuando concluya sus estudios de Historia en la UNED. «Hay que huir. De Asturias seguro y puede que también de España», señala al considerar que «aquí no se dan las condiciones para que haya una calidad de vida decente». Otra opción, apunta el padre entre risas, es «ir a "Gran Hermano"».

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