Oviedo, Raquel L. MURIAS
En un papel cuadriculado blanco con el logotipo naranja del Servicio Público de Empleo impreso en una esquina lleva Ricardo Almirón todas sus esperanzas de encontrar trabajo. Es su hoja de ruta, su rutina diaria desde hace ocho meses: ir a la oficina de empleo todos los días a ver si hay algo para él, coger un papel y apuntarlo para luego mandar el currículo desde casa a la empresa que ofrece trabajo. Ricardo Almirón tiene 50 años y seis meses de tregua antes de tener que retornar a su país, Paraguay. «Si no encuentro nada, en cuanto se me termine la ayuda del Gobierno me vuelvo a mi casa, con mi mujer y mi hija», explicaba ayer a las puertas de la oficina de empleo ubicada en la calle General Elorza de Oviedo.
Entre los 80.925 demandantes de empleo que hay en Asturias está Ricardo Almirón desde que la empresa de transportes para la que trabajaba decidió no renovarle el contrato. Ahora busca trabajo a contrarreloj para salir adelante, porque con los poco más de cuatrocientos euros de ayuda que percibe poco puede hacer. Pero el panel de corcho de la oficina del Inem tampoco tenía ayer algo para él. «Se busca comercial», «se necesita comercial», «se ofrece trabajo de comercial». Ni un puesto de conductor. «Me vale cualquier cosa, pero no un contrato mercantil», afirma Almirón.
La oficina de empleo de General Elorza era el reflejo de un país que ha superado los 4 millones de parados. Gente y más gente a la espera de que los letreros luminosos marcasen su número para pasar. Cola para solicitar prestaciones, cola para buscar información, cola para demanda de empleo. El ovetense Guillermo Pérez, 33 años, vivía sin preocuparse de su futuro hasta que la crisis mordió la empresa de aire acondicionado para la que trabajaba. En junio del año pasado se quedó en el paro y hasta ahora no ha encontrado nada. «Me vale cualquier cosa, pero sólo ofrecen trabajos de comercial», reitera. Guillermo Pérez mira con recelo el futuro. «Me pongo de mala leche cuando escucho a los políticos decir que tendremos que trabajar hasta los 67, ¿pero dónde quieren que trabajemos?». Sin ni siquiera un número de teléfono de una oferta de trabajo abandonó ayer la oficina de empleo. «No sé hasta dónde vamos a llegar, pero no veo que esta situación vaya a mejor», se lamentaba.
Las ayudas del Gobierno central dirigidas a dar un respiro a quienes agotan la prestación por desempleo no bastan, decía ayer alguno de los demandantes de trabajo. «Nos dan 420 euros al mes cuando se nos termina el paro, pero ¿quién vive con eso?». Es la cuenta en voz alta de Luz María Sime, de 38 años, natural de Santo Domingo y que lleva seis meses buscando trabajo en Asturias. «De camarera», explica, justo en el sector servicios, el que registró el mayor aumento en Asturias, con 4.121 nuevos inscritos en las oficinas del Servicio Público de Empleo, que eleva la cifra hasta 52.026 desempleados en el sector. «Cuando llegué a España hace seis años todo fue muy fácil, pero ahora la cosa está muy complicada, quiero darle otra oportunidad a este país», asegura antes de iniciar su búsqueda de empleo entre las ofertas de la oficina ovetense.
El paro, consecuencia inmediata de la crisis, ha cambiado la realidad de la calle. Los demandantes de empleo no dejan de crecer y mientras unos se aferran a lo que sea, otros aprovechan para formarse mientras puedan tirar de las prestaciones. Es lo que hace Noelia Ornia, de 29 años, que decidió decir que no a su jefe cuando éste le ofreció cubrir bajas temporales en la residencia de ancianos en la que trabajaba desde hacía dos años. «Pensé que encontraría algo mejor, pero ahora preparo oposiciones porque no hay nada», asegura mientras pisa el papel cuadriculado que Ricardo Almirón decidió tirar por el camino. «Se busca comercial».