Oviedo, J. L. S. / L. G.
La propuesta de reforma laboral que el Gobierno presentó el viernes a los agentes sociales es, a decir de algunos analistas políticos, lo suficientemente imprecisa y equilibrada como para que sindicatos y patronal la hayan recibido como un buen punto de partida para negociar. El documento está redactado, según esa misma opinión, con habilidad para no irritar de partida a ninguno de los que se van a sentar en la mesa de negociación durante las próximas semanas. Tampoco ha desencadenado por ahora grandes ataques de la oposición y, aunque mostrando sus dudas por la falta de concreción del texto, el PP se brindó ayer a respaldar el diálogo. Desde el ámbito académico, en cambio, el grupo de economistas que más intensamente ha demandado una reforma del mercado de trabajo desde que comenzó la crisis se mostró ayer decepcionado con la oferta de Zapatero: «Es más de lo mismo», sentenció el profesor asturiano Florentino Felgueroso.
«Es una reforma continuista, un cóctel de medidas que ya se han demostrado poco eficaces. No se resuelven los problemas estructurales y vamos a tropezar en la misma piedra», sostiene quien ha sido uno de los promotores principales del llamado «manifiesto de los cien», una declaración que a principios de 2009 firmó un centenar de expertos, entre ellos el hoy secretario de Estado de Economía, el también asturiano José Manuel Campa. El documento de Zapatero pone tierra de por medio con la sugerencia principal de este grupo, avalada en su día por Campa: la creación de un nuevo tipo de contrato fijo con despido más barato y supresión de casi todos los contratos eventuales.
«La dualidad entre trabajadores fijos y temporales constituye el problema estructural más grave de nuestro mercado de trabajo», reconoce el guión elaborado por el Gobierno para la reforma. Apenas el 10% de los contratos que se firman en España son indefinidos y prácticamente uno de cada tres españoles con trabajo tiene contrato eventual. Y cuando arreció la recesión las empresas prescindieron, sin apenas costes, de centenares de miles de esos trabajadores temporales que ahora están en el paro. Esa dualidad favorece, según el consenso de los expertos, que en tiempos de crisis España registre como ahora aumentos explosivos del desempleo, sin parangón en el resto de los países desarrollados.
¿Qué remedios esboza el Gobierno? Pese a la genérica redacción del documento, se identifican dos medidas: penalizar económicamente, presumiblemente con cotizaciones más altas, los contratos temporales y alentar los indefinidos mediante la expansión del llamado contrato de fomento del empleo, instaurado en la reforma de 1997, con el PP en el Gobierno, para favorecer la inserción laboral de ciertos colectivos (mujeres, jóvenes parados, desempleados de larga duración...). Este contrato tiene dos singularidades: el coste del despido es más barato que en el contrato indefinido ordinario -se pagan 33 días por año de antigüedad en lugar de 45- y los empleadores disponen de rebajas en las cotizaciones sociales durante un tiempo.
«El contrato de fomento del empleo lleva desde 1997 y no se ha mostrado eficaz. La práctica indica que muchas empresas terminan por despedir al trabajador cuando se agotan las subvenciones», sostiene Felgueroso, y añade que la vía de penalizar los contratos eventuales elevando las cotizaciones «puede no ser oportuno en momentos de crisis». Esto es, encarecer los costes de contratar entraña el riesgo de que se inhiba aún más la oferta de trabajo.
La vía que propugna el grupo de «los cien», que ha sido criticada por otro numeroso grupo de expertos (a menudo afines a las posiciones de los sindicatos), supone eliminar casi todos los tipos de contratación temporal, salvo la de interinidad (para cubrir bajas eventuales). En su lugar se crearía un nuevo contrato fijo con una indemnización por despido que iría aumentando de manera gradual a medida que lo hace la antigüedad del trabajador y que tendría un máximo inferior al actual de 45 días. Tanto en el caso de esta propuesta como en las que el Gobierno sí ha incluido en la reforma quedarían al margen de los cambios y con sus derechos adquiridos inmutables los trabajadores que ya tienen contrato indefinido.
Los estudios de «los cien» estiman que, de aplicarse su propuesta, la actual discriminación entre trabajadores eventuales y fijos se reduciría considerablemente en el plazo de unos 10 o 15 años. «Con lo que plantea el Gobierno, España va a llegar a tener 50 años de dualidad laboral: los 25 que ya lleva y otros 25 por delante», pronostica Florentino Felgueroso. Y sentencia: «Mientras haya dualidad no habrá flexibilidad, ni igualdad ni nada de lo que se intenta conseguir; esta reforma no tiene nada que ver con un auténtico cambio del modelo productivo». Atajar la alta temporalidad es, según este grupo de economistas, condición insoslayable para que mejore la formación de los trabajadores y con ello la productividad de la economía española.
Santiago Álvarez, economista y profesor de la Universidad de Oviedo, es menos crítico: «La propuesta resulta un tanto tímida, pero se avanza en la dirección correcta». «Lo que realmente nos presiona las cuentas públicas y lo que está provocando un fuerte desequilibrio económico en nuestro país es el constante crecimiento del desempleo», señala también. Opinión pareja a la de Miguel de la Fuente, presidente del Colegio de Economistas de Asturias: «En líneas generales, la reforma va en buena dirección». Aunque De la Fuente critica que no haya impulsado antes la reforma, considera oportuna la idea de «universalizar» el contrato fijo con indemnización de 33 días.
«Es más de lo mismo; España va camino de 50 años con dualidad laboral»
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Profesor de Economía
«La propuesta es un tanto tímida, pero avanza en la dirección correcta»
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Catedrático de Hacienda
«Es positivo que se universalice el contrato de fomento del empleo indefinido»
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Decano de los economistas