Oviedo, Raquel L. MURIAS
El emigrante marroquí Mohamed Errosaffi vive con 420 euros al mes, los de la ayuda que el Gobierno ha decidido prorrogar parar quienes agoten la prestación por desempleo. Y con poco más de cuatrocientos euros logra salir adelante: dedica tres cuartas partes a pagar el alquiler de un piso compartido (280 euros) y el resto, para comer (140 euros). Con estos números va tirando desde noviembre, cuando se le acabó el paro y se convirtió en uno de los 318.197 beneficiarios de la ayuda «post-paro». Ahora Zapatero anuncia una prórroga de seis meses más para solicitar la ayuda, pero Mohamed no podrá volver a pedir la prestación y cuando llegue abril ya no cobrará nada. Ya no habrá ni números que calcular. «Me asusta un poco pensar qué va a pasar».
En esta lista negra del «desempleado que no cobra paro» está Mohamed Errosaffi, que hasta que cayó en la telaraña del paro era camarero y llevaba tres años trabajando sin parar; pero la crisis se apoyó también en su barra, y no para pedir un café. «Escuché a Zapatero por la mañana decir que aumentaban la prestación y he venido para informarme», explicaba ayer el joven marroquí a las puertas de la oficina de empleo de General Zuvillaga de Oviedo. A Mohamed Errosaffi las palabras de Zapatero no le consuelan. «Lo que de verdad hace falta es crear empleo» pero, al menos, según explica, «sabes que si cobras esta ayuda no te quedas en la calle». Mohamed tiene miedo al futuro y por eso busca trabajo «de todo, de cualquier cosa», pero también reconoce que aunque el dinero que le da el Gobierno es poco, «siempre es mejor que nada, aunque a mí esta ampliación no me cambia la situación», afirma después de informarse.
Los hay que están peor que Mohamed Errosaffi. Las puertas de la oficina del servicio de empleo eran ayer un entrar y salir constante de gente sin ilusión. «¿Qué quieres que te diga? La cosa está muy malita», sentenciaba con una carpeta llena de papeles en la mano Mihaita Borta, y es que hay gente a la que la crisis la ha dejado sin ningún tipo de prestación, como a este rumano de 30 años que llegó a Asturias en 2006 y ahora está en el paro, sin ayuda y sin prestación. No tiene ni los cuatrocientos. «La empresa para la que trabajaba de fontanero quebró, mi jefe me debe tres meses de sueldo y no me ha dado la carta de despido, así que no puedo solicitar nada», afirma. Lucha por que alguien le ayude a recuperar sus derechos. Mihaita Borta cree que las ayudas del Gobierno a los desempleados sirven. «No se puede negar que son ayudas importantes. El caso es poder solicitarlas. Yo estoy desesperado, y por eso voy a denunciar al que era mi jefe, porque tengo unos derechos como persona que ha cotizado», explica Borta, quien a pesar de todo se despide con media sonrisa.
Según el presidente del Gobierno, la prórroga de esta ayuda «merece la pena», pero para los que llevan meses viendo cómo el corcho de la oficina de empleo no les ofrece un puesto de trabajo, la palabra «Zapatero» no hace más que sacarles de quicio. Juan Manuel Salguero estaba ayer muy enfadado «con los políticos, que no hacen más que dejarnos en la estacada». Este ovetense de 35 años explica que con la prestación de 421 euros «yo pagaría la hipoteca y luego ¿qué?», se cuestiona este parado que trabajó como vigilante, escolta, camionero y encargado de obra. « Y ahora vengo todos los días por aquí, a mirar a ver si hay algo para mí, y nada. ¿Quién me dice a mí que cualquier día no puedo pagar mis letras y me quedo en la calle?». Salguero le diría a Zapatero que «ayuden a las empresas a crear empleo, que nosotros somos los que vamos a sacar el país adelante». Hoy volverá a mirar en el corcho a no ser que le llamen para cubrir un puesto de ayudante de albañil para Tineo en el que se apuntó ayer. Espera no tener que solicitar la ayuda jamás. «A ver si encuentro algo antes», confía en voz alta.
Si en algo coincidían ayer los parados entrevistados por LA NUEVA ESPAÑA es en que el Gobierno «debería invertir en crear empleo». Dice José Manuel Alonso (Cangas del Narcea, 1981) que a él le gustaría ver «cómo se crean empresas públicas, mucho mejor que ayudarte con dinero», asegura este joven que ahora aprovecha el parón laboral para terminar su carrera de Magisterio. «Yo era camionero autónomo, así que, ni paro ni nada, ahora quiero empezar a dar clases particulares».
El paro y el miedo a no encontrar empleo hacen que ya nadie se empecina en buscar empleo de lo suyo, sólo quieren trabajo, de lo que sea. Por este motivo, Elena Presno, de 23 años, prepara oposiciones a la Administración del Principado y no cierra las puertas a su anterior trabajo como dependienta. Dice esta joven boalesa que si ella tuviese que vivir con los 421 euros de la prestación para cuando se agote el paro, «mal me veo, y eso que no tengo ni hipoteca ni letras ni familia a cargo ni nada».
Los desempleados asturianos exigen al Gobierno una oportunidad real para salir adelante, quieren un contrato, una nómina. Un papel que llegue todos los meses y «que te deje dormir tranquilo», según lo define José Ángel Alonso, y es que el papel de la ayuda del Estado que recibe Mohamed Errosafi se va quedando en blanco, como en blanco ya se quedó su contrato de camarero. «Ojalá no tuviese que cobrarla», lamenta. No siempre el blanco significa esperanza.