Gijón, A. RUBIERA
José Luis Álvarez Margaride se proclamaba como un «natahoyense» (de la zona industrial gijonesa de El Natahoyo) «que salió muy pronto del barrio, pero que siempre lo ha llevado en su corazón». Por esa misma razón aceptó en octubre del pasado año, muy agradecido, el que sería el último homenaje que le iban a dedicar en vida.
No fue aquella una cita de industriales, ni sirvió para repasar sus muchos méritos empresariales, aunque también hubo algo de eso. Fue un entrañable encuentro que propiciaron sus amigos de juegos infantiles y andanzas juveniles. Unas correrías que, como él recordó con pelos y señales, discurrieron todas entre El Natahoyo y Santa Olaya.
El encuentro lo había montado la Asociación de Amigos de El Natahoyo, que quería cerrar con Álvarez Margaride una tríada de vecinos ilustres, afincados en Madrid y dignos de su aplauso. El ex ministro y eminente jurista Aurelio Menéndez y el médico y político socialista Pedro Sabando, ambos del círculo de amigos íntimos de Álvarez Margaride, ya habían tenido su día de gloria en el restaurante Savannah y ahora le tocaba al empresario.
«Comenzando desde la base, aquí, en Gijón, alcanzó las cotas más altas de reconocimiento nacional e internacional. Y eso es algo que a todos sus vecinos y amigos nos llenará siempre de enorme orgullo», señala Joaquín Cipitria, uno de los impulsores del encuentro. Más de cien «natahoyinos» estuvieron en aquella soleada cita del mes de octubre «locos» por hacerse la foto de equipo con Álvarez Margaride en el centro. A todos les regaló un libro como recuerdo y, el pasado mes de enero, aún seguía firmando algunos ejemplares y haciéndolos llegar a quien se los pedía. «Siempre os llevaré en el corazón. Éste es un lugar entrañable. Os animo a perseverar y seguir cultivando un bien tan preciado como es la amistad», les dijo. Ayer su discurso lo recordaban todos.