Oviedo, Javier CUARTAS
Gran parte del sector rural asturiano y de la capacidad transformadora industrial láctea de la región está en manos de Corporación Alimentaria Peñasanta (Capsa), la empresa líder nacional por volumen de leche, y de su accionista hegemónico, la sociedad agraria de transformación Central Lechera Asturiana (Clas), la organización ganadera que controla el 56,39% de Capsa. Sobre ese binomio (una compañía industrial y transformadora y una sociedad agraria) pivota buena parte de la renta del sector primario asturiano y del peso de la producción regional de bienes de consumo.
Desestimada por Ebro Puleva la oferta de compra que sobre su filial láctea Puleva Food planteó Capsa, la eventualidad de que alguno de los demás pretendientes de Puleva pueda arrebatar, merced a esa adquisición, el liderazgo en tamaño que ahora tiene Capsa en el mercado lácteo nacional, ha creado algún viso de inquietud en una comunidad cuyo sector rural, en virtud de las tradicionales condiciones de la región para la ganadería vacuna, ha acabado siendo muy dependiente, por la vía de la especialización, de la producción de leche.
Para el campo asturiano será decisivo que Capsa sea capaz de mantener la hegemonía en el mercado, y que logre salir indemne de la nueva competencia fortalecida a la que podría tener que enfrentarse si acaba produciéndose una posible fusión entre varios de sus rivales.
El impacto de Capsa en la economía asturiana es muy relevante. Se estima que Capsa, el mayor grupo español por recogida de leche, representa la mitad del PIB generado por la industria agroalimentaria asturiana. La compañía absorbe el 60 por 100 de la producción láctea de los ganaderos de la comunidad, aunque la recogida de leche en Asturias (su primera región proveedora) suponga el 33% de la materia prima que compra la compañía en España. De ese modo, de los 898 millones de litros que Capsa maneja cada año, algo más de 296 millones los capta en el Principado.
El impacto de Capsa en la economía asturiana también es industrial. Se trata de la quinta compañía más relevante de Asturias por facturación (por detrás de ArcelorMittal, AZSA, Duro Felguera y HC Energía) y concentra en la comunidad (Granda, Villaviciosa y Cabrales) tres de sus siete centros de producción, así como la sede de todas sus empresas filiales y participadas, salvo una. Con más de 1.200 empleados en España, en Asturias concentra en torno a 700 empleos de forma directa, sin contar el efecto indirecto e inducido en transportes, proveedores varios y otros.
El impacto de Capsa sobre la renta agraria asturiana se produce por tres vías: a través de la compra de leche, por el abono de dividendos cuando reparte beneficios (el 56,39% de ese pago revierte sobre los 7.470 socios de Clas, de los que 1.280 aún producen leche y 6.190 ya han abandonado la actividad ganadera pero siguen participando en el capital de la sociedad) y por el canon anual (del orden de 1,8 millones) que Capsa abona a Clas por el uso en alquiler de la marca comercial Central Lechera Asturiana, propiedad de los ganaderos.
Clas tiene, además, una política de prima del precio de la leche a sus socios proveedores, en concepto de garantía y calidad de suministro, que supera los 6 céntimos por litro, lo que constituye una renta adicional para esas explotaciones.
Clas, la mayor organización de espíritu cooperativo de Asturias y la 13.ª española del sector agroalimentario, agrupa al 39,47% de los ganaderos que producen leche en Asturias: 1.500 sobre un total de 3.800.
Desde las últimas asambleas de Clas, el pasado diciembre, esta organización ha abierto un proceso de integración como socios de aquellos ganaderos asturianos que, siendo ya proveedores del grupo, no formaban parte hasta ahora de Clas. Los nuevos estatutos prevén reforzar la base social de Central Lechera ampliando el ámbito de afiliación (hasta ahora limitado a Asturias, Lugo y Cantabria) al conjunto de Galicia y de Castilla y León.
Con ello se trata de anticipar que, ante el creciente abandono lácteo y la concentración progresiva de las explotaciones, Clas pueda nutrirse en el futuro de nuevos socios tanto para atender un eventual crecimiento de demanda láctea de Capsa como para acompasar con su propio reforzamiento societario la expansión que pudiera protagonizar Capsa y no perder fortaleza accionarial dentro del grupo.
Asturias, que es la región española con mayor consumo «per cápita» de productos lácteos, sigue siendo, por imagen y prestigio, una región asociada por los consumidores españoles con la calidad láctea y es vista como paradigma e icono del sector en España. Sin embargo, la comunidad sólo supone el 13% de las explotaciones ganaderas españolas y el 10% de la cuota láctea, lo que la convierte en la tercera región productora de España, por detrás de Galicia y Castilla y León.
De ahí que el crecimiento de Capsa, y la pretensión de Clas de seguir liderando el grupo, le obligue a ampliar espacios y buscar áreas geográficas de expansión, para intentar seguir siendo el accionista mayoritario si Capsa participa en un proceso de fusión o adquisición de otros grupos lácteos.
Clas, titular de la mayoría de control de Capsa, ha hecho de esta posición un hito irrenunciable, y uno de los obstáculos a los que se enfrentaba la posibilidad de que Capsa adquiriese Puleva era precisamente que Clas tuviese dificultades para acudir a la ampliación de capital que pretendía acometer Capsa para financiar una parte del desembolso.
Esta aspiración de seguir dominando Capsa supuso que muchos integrantes de Clas y algunos sindicatos agrarios alertasen del riesgo que pudiera entrañar la compra de Puleva para la sociedad agraria Clas, en tanto que pudiera obligarla a incurrir en un endeudamiento que pudiera acabar por asfixiarla. Y ello aun cuando no pocos de quienes recelaban por este motivo de la operación la viesen, al tiempo, como una óptima oportunidad, en la medida en que Puleva era complementaria de Capsa en implantación regional, gama de productos y algunos canales de venta. Y porque Puleva, en tanto que especializada en productos de valor añadido, aportaba un margen de rentabilidad superior al de Capsa.
La suma de ambas organizaciones hubiese permitido a la compañía asturiana el control del 29,2% de la facturación en leche líquida en España, y una posición de mayor fortaleza para enfrentarse a las marcas blancas, en crecimiento constante, y para negociar precio y condiciones con las grandes organizaciones de distribución comercial, en un mercado en el que el poder ha pasado a estar del lado de los magnos comerciantes.
La eventual toma de control de Puleva por grupos extranjeros (caso de Lactalis y Campina) o por españoles aliados a socios internacionales (caso de Pascual) ha hecho cundir el temor en la Administración y en el sector agrario (también en el asturiano) a una suerte de «colonización» extranjera del mercado lácteo nacional y al riesgo -que no todos los expertos comparten- de que las multinacionales europeas con excedentes lácteos a bajo precio en sus países de origen (donde los costes de producción ganadera son inferiores a los españoles, y aún más a los asturianos) puedan acabar utilizando marcas españolas para introducir leche foránea más barata, lo que contribuiría a hundir precios y deteriorar la renta del ganadero nacional, con el consiguiente daño para el sector rural asturiano, muy dependiente aún de la producción láctea.
El principio de libertad de mercado y de empresa impide -o al menos dificulta en extremo- la pretensión, reclamada por algún sector asturiano, de que el Gobierno español presionase a Ebro Puleva para favorecer la oferta de Capsa. Ebro Puleva es propiedad de accionistas privados (el Estado sólo tiene el 8%) y además cotiza en Bolsa. Y la obligación de su consejo de administración es maximizar beneficios para sus accionistas.
Pero esta inquietud sobre el futuro de la industria láctea nacional y el sector agrario del país se acrecienta por la inmediatez (2015) de la liberalización de las cuotas lácteas en la UE, lo que favorecerá a aquellos países mejor dotados para la producción lechera y que, por el tamaño y modernidad de sus explotaciones, su orografía y pastos, y por sus sistemas productivos y mayor eficiencia y productividad, sean capaces de producir a igual o mejor calidad pero a menos coste.
Hoy España representa sólo el 1,9% de las explotaciones lecheras de la UE, aunque todavía aporta el 4,3% de la producción y un porcentaje análogo del valor de la leche producida. Y aunque es el séptimo país de la Unión Europea por cuota láctea, esta posición es inferior al peso económico español en términos de PIB; pero aún es menos ventajosa si se pone en relación con el tamaño demográfico: nuestro país ocupa el décimo puesto de la UE por cuota asignada de leche por habitante.
Como consecuencia, España ha sido deficitaria en producción láctea desde su entrada en la UE a consecuencia de la política de cuotas, pero la supresión de este sistema de contingentación y limitación de la producción para frenar los elevados excedentes europeos no garantiza que España pueda recuperar posiciones si sus explotaciones no son capaces de producir en 2015 con costes competitivos respecto a las de otros países ganaderos de la UE.
Hasta ahora los tres grandes grupos de leche líquida eran de capital totalmente español (Puleva y Pascual) o de forma muy mayoritaria (Capsa, en el que el grupo francés Bongrain posee el 27%), pero es muy factible que esta situación cambie radicalmente con el probable traspaso de Puleva.
En el sector (empresas y sindicatos agrarios) y en el mundo académico este conjunto de datos inspira lecturas diferentes, muchas veces complementarias, aunque en algún caso divergentes.
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