España, presa de «tiburones»

Las apuestas a la baja contra la Bolsa y al alza sobre los seguros de impago de deuda alimentan una espiral en la que los especuladores generan magnas ganancias

06.05.2010 | 09:50
La Bolsa de Madrid, en plena caída.
La Bolsa de Madrid, en plena caída.

Oviedo, Javier CUARTAS

Las prácticas especulativas han vuelto a cebarse sobre España actuando por dos vías: las apuestas a la baja sobre la Bolsa y las apuestas al alza sobre el riesgo de la deuda pública. Ambas estrategias se favorecen y refuerzan entre sí y encuentran el clima propicio en un contexto de nerviosismo e incertidumbre generalizados a causa de la crisis de la deuda soberana griega.


Con España y otros países bajo sospecha por sus índices de paro y déficit fiscal, los especuladores toman posiciones inversoras apostando a una caída de la Bolsa, con la ventaja de que, tratándose de magnos grupos inversores (caso de fondos de alto riesgo y otros), que mueven ingentes cantidades de títulos, su propia determinación de hacer caer el mercado contribuye de forma decisiva a que ello se produzca.


Para ello, los especuladores toman en préstamo grandes cantidades de acciones a cambio de una contraprestación económica a sus dueños y con el compromiso de devolución a sus titulares en un plazo determinado. Inmediatamente venden esos títulos y crean una corriente vendedora, que secundan otros inversores, ajenos a la operación, pero que, temerosos de un desplome del mercado, desinvierten a su vez en cuanto aprecian que la Bolsa cae, para ponerse a cubierto, con lo que amplifican el movimiento bajista que de forma premeditada ha sido diseñado por los «tiburones».


Una vez que las cotizaciones se han derrumbado, el especulador compra el mismo número de acciones que se ha comprometido a devolver a quienes se las prestaron temporalmente. Pero como esos títulos se han depreciado, el coste de adquisición es muy inferior al precio al que los especuladores habían vendido esas acciones sin ni tan siquiera ser dueños de ellas. El especulador obtiene así como beneficio la diferencia entre la cotización que tenían los títulos cuando los vendió y el que tiene cuando los recompra. Por eso se dice que cuanto más se derrumbe la Bolsa más ganan quienes hacen apuestas contra ella.


En el caso de la especulación sobre el riesgo de impago de la deuda pública, la operación es similar, pero a la inversa. Aprovechando un contexto de zozobra generalizada a causa del riesgo de suspensión de pagos de Grecia, el especulador compra de forma acumulativa seguros sobre el riesgo de impago de la deuda soberana española, los llamados CDS. El acaparamiento de estos derivados para la cobertura de riesgo hace subir su precio. Y su revalorización es una señal que el mercado interpreta como un riesgo creciente de insolvencia española. Ello determina una corriente compradora más amplia y, en consecuencia, una mayor apreciación de los CDS. Quienes desencadenaron la conspiración venden sus seguros de cobertura sobre España al precio más alto que puedan y obtienen con ellos grandes ganancias. En ocasiones lo hacen también tomando CDS en préstamo. Los venden cuando están en la cúspide de su cotización y aguardan a que la venta masiva hunda su precio para recomprarlos baratos y devolvérselos a quien se los cedió de forma temporal.


Estas dos prácticas especulativas se retroalimentan entre sí. Porque el encarecimiento de los CDS sobre España acrecienta el pánico sobre la solvencia del Estado y esto hunde más las bolsas, y porque el desplome bursátil agranda la percepción de riesgo sobre el país y los titulares de bonos de deuda pública española se ven impelidos por el pánico a comprar CDS para protegerse en caso de impago estatal, con lo que contribuyen a su vez a su revalorización. Este efecto de apoyo mutuo tiene, además, toda la lógica, dado que entre las acciones y los CDS existe una correlación inversa (cuando la Bolsa cae, los contratos de protección tienden a revalorizarse) coherente con el hecho de que la deuda pública suele ser el refugio (junto con el oro y otros activos) de quienes se salen de la Bolsa por miedo.


Pero, además, en los movimientos especulativos de estos días las apuestas bajistas se reforzaron con intoxicaciones para agrandar el pánico. Hubo quienes de forma interesada (se apunta a un «broker» británico) echaron gasolina al fuego, filtrando el bulo de que España había solicitado un plan de rescate como el que el «Eurogrupo» y el FMI acaban de aprobar para Grecia. Otros actores interesados hicieron circular a su vez el rumor de que la agencia de calificación Moody's se disponía a rebajar la calificación de solvencia española. Ambas filtraciones fueron desmentidas, pero para entonces el fuego ya consumía la pradera y los inversores huían en estampida.

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