OVIEDO, JOSÉ LUIS SALINAS
«Asturias ha dejado de ser un territorio propenso a las huelgas. Se puede dar ya por superada la etapa de mayor conflictividad en la región». Lo asegura el profesor del departamento de Sociología de la Universidad de Oviedo David Luque Balbona, y lo certifican también las cifras que sobre conflictos laborales manejan organismos como la Sociedad Asturiana de Estudios Económicos e Industriales (SADEI) o el Ministerio de Trabajo. El repunte de la conflictividad de las últimas semanas, con movilizaciones en el sector minero y con la región a la cabeza del seguimiento de la huelga general del 29 de septiembre, no cambia, a decir de los expertos, el hecho de que Asturias ha encadenado una larga etapa de más sosiego y diálogo social, alterada por conflictos puntuales análogos a los de cualquier otra autonomía.
A pesar de que las diferentes estadísticas aseguran que la región es equiparable en conflictividad laboral a las demás regiones, David Luque cree que el Principado «sigue manteniendo una imagen de región conflictiva en el exterior debido a las protestas que de forma ocasional acontecen en sectores en declive como la minería o la construcción naval». Asturias vivió su período de mayor conflictividad a principios de la década de los años noventa, en el contexto del duro proceso de reestructuración industrial que sufrió el Principado en ramas productivas que históricamente habían sostenido la economía regional: la siderurgia, la minería, los astilleros... Desde entonces, señala el sociólogo, «mientras que a nivel nacional el número de huelgas se estabilizó, en Asturias siguió una tendencia descendente». Una de las claves para que las cosas de que hayan sido así, añade, está en los procesos de diálogo abiertos entre la Administración regional y los agentes sociales, con los diferentes pactos de concertación firmados durante la última década. El más reciente, que está en vigor es el llamado Aceba.
Sigue habiendo conflictos, pero son más espectaculares que numerosos. «Asturias mantiene esa imagen de región conflictiva porque de vez en cuando se suceden protestas en el sector naval y el minero muy espectaculares, porque hay cortes de carreteras, quema de neumáticos o enfrentamientos con el orden público, pero en términos de participación su repercusión es muy limitada», señala.
Paradójicamente, el inicio de la crisis económica no ha traído un rebrote de las protestas, como cabría esperar. El de 2009, según las cifras que maneja SADEI, fue uno de los años en el que menos horas se perdieron por huelgas en el Principado, muy alejado de los números a los que se llegaba durante la década de los noventa. La reducción de la conflictividad, a juicio de David Luque Balbona, ha tenido consecuencias positivas para la región. «La renuncia de los sindicatos a tomar una estrategia agresiva ha permitido a los empresarios tener un cierto control sobre los salarios y ha provocado que la economía regional haya visto mejorada su competitividad», señala el sociólogo, que prepara una investigación sobre la conflictividad laboral.
Luque no considera que un rebrote de las protestas o que la respuesta de la sociedad asturiana en la huelga general comprometa verdaderamente la imagen de Asturias y pueda ahuyentar inversiones. «En los años ochenta este riesgo sí que era mayor», apunta, y añade: «Las relaciones laborales han mejorado mucho en fluidez durante los últimos años; además, las inversiones que se pueden atraer suelen estar ligadas a sectores que no tienen tradición sindical ni combatividad, como los vinculados a la innovación y a la tecnología».