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Muere el empresario Martín González del Valle, referente de la industria energética asturiana

El segundo barón de Grado y presidente de honor de Hidrocantábrico fallece a los 96 años, tras una trayectoria marcada por su dedicación a la eléctrica regional

05.11.2015 | 05:18
Martín González del Valle, en su casa de Oviedo, junto a una fotografia de su mujer y sus hijos.

Martín González del Valle y Herrero, presidente de honor de Hidroeléctrica del Cantábrico (HC) y barón de Grado, falleció ayer en su casa de Madrid a los 96 años de edad. Su longeva ejecutoria personal y profesional concitó ayer numerosas muestras de reconocimiento, en particular por el papel que desempeñó al frente de HC en una época clave de la industria energética en Asturias y en España.

El segundo barón de Grado, nacido en Oviedo en noviembre de 1918, casado con Macarena Chávarri de la Mora y padre de cinco hijos, presidió Hidrocantábrico entre 1987 y 1999, compañía eléctrica de la que su padre fue cofundador junto a otros miembros de dinastías capitalistas asturianas, entre ellos la de los Herrero, a la que también pertenecía Martín González del Valle por vía materna. Heredó la baronía de Grado de su madre, Pilar Herrero. Su padre, Martín González del Valle y Fernández de Miranda, llevaba el título de marqués de la Vega de Anzo.

Licenciado en Derecho en Madrid y con estudios de Economía en Lovaina (Bélgica), Martín González del Valle promovió en España y con socios belgas varias empresas dedicadas a actividades industriales y de importación. Dos de esas empresas (una ingeniería y una fábrica de luminarias para autopistas) subsisten en la actualidad y están dirigidas por uno de los hijos del barón de Grado. Compaginó sus propios negocios con la labor como consejero y directivo en varias de las principales corporaciones asturianas. Formó parte de los consejos de administración de Banco Herrero y de Duro Felguera, aunque el hito principal de su trayectoria es la presidencia de Hidroeléctrica del Cantábrico.

Martín González del Valle entró como consejero en la eléctrica asturiana -hoy filial de Energías de Portugal (EDP) y con la denominación comercial EDP España- en 1952, cuando el presidente era su primo Ignacio Herrero Garralda. Catorce años después fue nombrado vicepresidente ejecutivo y en 1987 accedió a la presidencia. Como primer directivo de una de las principales eléctricas españolas, formó parte del sanedrín de la patronal Unesa y la presidió durante el año 1995, conforme al sistema rotatorio que entonces funcionaba en esa influyente organización.

Bajo la presidencia de Martín González del Valle, Hidroeléctrica del Cantábrico creció y se diversificó, impulsando la llegada del gas natural a la región a través de la filial Gas de Asturias y participando en el despliegue de la fibra óptica mediante la participación en una sociedad germen de la actual Telecable. De las informaciones de la época se infiere además el protagonismo de Martín González del Valle en la resistencia de Hidrocantábrico a ser integrada en alguno de los grandes grupos energéticos resultantes de los procesos de consolidación que vivió el sector eléctrico en los años 80 y 90. Bajo su presidencia, HC frenó los intentos de Unión Fenosa de hacerse con HC para conformar el tercer gran grupo eléctrico español junto a Iberdrola y Endesa.

En 1999, y cuando Hidroeléctrico del Cantábrico enfocaba una nueva época que culminó con su integración en EDP, Martín González del Valle y Herrero dejó el liderazgo de la compañía con 81 años. Fue nombrado presidente de honor de HC y también de la Fundación Hidrocantábrico. Desde ella desplegó otra de sus facetas: el apoyo a la cultura y una labor social conectada a sus profundas convicciones religiosas que también le llevaron a participar muy activamente en el movimiento empresarial cristiano español. En reconocimiento a ese trabajo y a su trayectoria profesional, González del Valle recibió condecoraciones como la Gran Cruz de Alfonso X el Sabio, la medalla de plata al Mérito en el Trabajo o el titulo de hijo predilecto de Oviedo.

Cuando en noviembre de 2008, llegaba a los 90 años, decía haber "cumplido los ideales que me transmitió mi padre de presencia social positiva, caballerosidad y cultura, y he procurado trasmitírselos a mis hijos". Hoy se le despedirá con un funeral y el sepelio en el cementerio de San Isidro, en Madrid.

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