Profesor de Enseñanza Media

Abandonad toda esperanza

22.06.2016 | 01:59
Abandonad toda esperanza

Es inquietante que el modelo de propaganda electoral más novedoso sea el que imita a la cadena sueca IKEA. ¿Por qué? Primero, porque sorprende que quienes se dicen "de izquierdas" elijan envolverse en la bandera de un capitalismo luterano e individualista al máximo (la "república independiente de tu casa"), pero además porque es un modelo basado en un tipo de manipulación muy sutil que hace al cliente creer que no hay intermediarios, que todo es más "auténtico" que en otras tiendas. Nos induce a creer ingenuamente que estamos comprando directamente a la fábrica, y que nuestro penoso recorrido por los oscuros pasillos flanqueados por interminables estanterías atiborradas de cajas de cartón tan sólo es el precio que hemos de pagar por nuestra compra "inteligente" y "auténtica". De repente nos tropezamos con los empleados que casi nos embisten con sus carretillas y sus elevadores, pero nada hay de accidental en ello, sino que así se nos hace pensar que es como si nosotros mismos trabajásemos allí, que "realmente" nos movemos por la "trastienda" como Pedro por su casa. No hay apenas dependientes para ayudarnos a encontrar lo que buscamos, se supone que ya lo sabemos...se supone que somos "expertos". ¡Qué listos somos! ¡Hasta nos imaginamos que vemos la tienda "desde dentro", desde las "entrañas"! ¿ya estamos en el "meollo", sin trampa ni cartón!¡Así no nos pueden engañar! (¿0 sí?) Ante esta sensación de "empoderamiento democrático", poco importa ya que, en realidad, hayamos llegado hasta las profundidades del almacén sólo después de ser teledirigidos a lo largo de un interminable recorrido de sentido único como ratas en un laberinto, y que en consecuencia hayamos añadido al carrito, ya de paso, también las nuevas bombillas ultra-ahorro, los escurreplatos, las toallas de baño, algún juguete y un marco de fotos que no necesitamos. Nada importa: IKEA, igual que esos partidos políticos de nuevo cuño, nos empuja a tomar decisiones instantáneas, viscerales e irrevocables, pues cualquiera se arriesga a retroceder por aquel laberinto y volver a colocar en su sitio alguno de los productos dudosos con los que hemos llenado nuestro carro. Nada de eso: abandonad toda esperanza.

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