Madrid
El periodista Javier Valenzuela, que de 2004 a 2006 fue director general de Información Internacional en el palacio de la Moncloa, ha publicado un libro titulado «Viajando con ZP» en el que revela el día a día político del presidente Zapatero y su modo de trabajar. Aunque el libro es en general muy elogioso, Valenzuela también recoge algunos de los errores que a su juicio ha cometido Zapatero.
Valenzuela argumenta que Zapatero es «capaz de proyectar su visión a años vista», y «también es bueno en el día a día, en el regate corto», pero le falla el medio plazo. A eso se une que le «cuesta trabajar con equipos bien definidos», concluyendo que «esos dos factores hacen que, en algunas ocasiones, se embarque en grandes proyectos sin elaborar un plan detallado de acción, sin formar un equipo que asuma claramente la gestión del asunto, sin atribuir responsabilidades bien definidas a unos y otros, sin jerarquizar esas responsabilidades, sin preparar respuestas a los obstáculos previsibles».
A su juicio, «esto fue patente en su gestión de la reforma del Estatuto de Cataluña», donde, al final, «se sacó un conejo de la chistera, su pacto personal con Artur Mas, el líder de Convergencia i Unió, que, sí, desatascó el Estatuto, pero a costa de un tremendo ataque de celos de Carod-Rovira y su ERC».
«Lo mismo ocurrió con el proceso para terminar con el terrorismo de ETA», porque frente a las duras críticas del PP, «los mensajes emitidos por el Gobierno eran mínimos y confusos», de manera que «los españoles, que en su mayoría habían acogido con esperanza el comienzo del proceso, empezaron a marearse».
Considera que Zapatero debió haber usado algún formato televisivo para explicarse ante los españoles, «pero no lo hizo ni una sola vez». Cuando se produjo el 30 de diciembre el atentado de ETA en Barajas «era tan mala la comunicación de Zapatero y su Gobierno que ni tan siquiera supieron poner suficientemente de relieve que el atentado desmentía brutalmente las acusaciones derechistas de que los socialistas habían concedido a los etarras todo tipo de prebendas».
Errores de comunicación
También incluye los «errores de comunicación de Zapatero». En primer lugar, las declaraciones de 2004 en Túnez, donde «se salió del guión e improvisó», dando a entender que invitaba a otros países a retirar las tropas de Irak. «El asunto dejó un poso de rencor en Bush y en los suyos», explica. Añade que «tampoco estuvo acertado semanas después cuando expresó sus simpatías por la candidatura del demócrata Kerry», y más tarde, en 2005, al valorar el resultado de las elecciones alemanas, ganadas por Merkel por muy escaso margen.
Valenzuela elogia la tranquilidad que habitualmente traslada Zapatero a sus colaboradores, pero critica que «transmite a veces la sensación de una excesiva seguridad en sí mismo y una excesiva confianza en su baraja».
El libro alude a las relaciones con EE UU, incluyendo conversaciones de Bush y Zapatero. El peor momento fue entre el otoño del 2004 y la primavera de 2005, con «escarceos verbales entre ambos gobiernos», dice el autor. Valenzuela añade que en Madrid no gustaron «ciertas indirectas de Washington vinculando el marcharse de Irak con dar alas al terrorismo».
Valenzuela aborda la «peculiar» forma de trabajo en Moncloa: «No adopta la forma de una pirámide jerarquizada, sino que más bien está formado por una serie de círculos de composición y tamaño diferentes». Uno es el familiar: su padre, su hermano Juan y su primo materno José Miguel. Otro, el de sus asesores personales: Miguel Barroso, Miguel Sebastián, José Andrés Torres Mora y el especialista en sondeos José Luis Zárraga.
El tercer círculo
El tercero es el del partido, con Blanco, Rubalcaba... El cuarto es el monclovita, con María Teresa Fernández de la Vega, José Enrique Serrano, Nicolás Martínez Fresno... El quinto son sus favoritos en el Gobierno: Alonso, Moratinos, Caldera. Finalmente, en el sexto están los dirigentes que le han acompañado en su ascenso: Trinidad Jiménez, Carmen Chacón, Leire Pajín... Añade que Zapatero es poco aficionado a las reuniones colectivas formales y que «sin el móvil, su sistema de liderazgo no funcionaría».
Valenzuela trata de desmentir la impresión de que a Zapatero no le gusta viajar y explica que es consciente de que muchas diferencias entre política nacional e internacional han desaparecido. «Yo mismo, suele decir, gané las elecciones españolas con temas de política internacional: la guerra de Irak y el terrorismo islamista que produjo los atentados del 11-M», relata.
Brevemente habla de la «compleja» relación de Zapatero con Felipe González, semejante a la de un hijo hacia un padre «al que admira y respeta, pero ante el que reafirma su propia identidad». El libro revela que González le dio dos consejos en materia de política internacional: que no se fiara de Fidel Castro y que diera al Rey el protagonismo debido.