Madrid / Oviedo
Los Reyes presidieron ayer el desfile militar del día de la Fiesta Nacional, marcado por el homenaje a las tropas españolas desplegadas en el Líbano y por los abucheos al presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero. Unas protestas que se producen por tercer año consecutivo, pero que este año se enmarcaban, a seis meses de las elecciones generales, en la polémica entre PSOE y PP por el uso de los símbolos nacionales.
El desfile vivió el momento más tenso, informó «Efe», cuando el Rey, muy aplaudido, acompañado por Zapatero y los presidentes del Congreso y del Senado, celebraba la ofrenda floral en el homenaje a los caídos. Fue entonces cuando, desde la tribuna de invitados situada a la derecha del palco de autoridades, un grupo de individuos lanzó gritos y silbidos contra el jefe del Ejecutivo, hecho que se repitió al acabar el desfile.
La protesta causó serio malestar en la cúpula militar, según informaron a «Europa Press» fuentes militares. Las fuentes explicaron que el malestar no se produjo por los silbidos a Zapatero, sino por haber sido dados durante una ceremonia que suscita gran emotividad en los familiares y allegados, y merece el máximo respeto de todos los asistentes a la parada militar, al ser una conmemoración de los militares fallecidos en acto de servicio.
En el curso de la recepción ofrecida tras el desfile por los Reyes a más de mil invitados en el Palacio de Oriente, el presidente Zapatero, en conversación informal con los periodistas, sin cámaras, micrófonos ni libretas, calificó de «un clásico» el abucheo y agregó que «afortunadamente» en España hay libertad de expresión.
El presidente del PP, Mariano Rajoy, explicó en el mismo acto que siempre ha estado «a favor de que nadie se meta con nadie» y añadió que «cada uno es libre». «Yo no lo hice ni lo hubiera hecho», precisó el líder popular, cuya llamada, difundida en vídeo el pasado miércoles, a expresar el orgullo patrio mediante la exhibición de la bandera rojigualda tuvo escaso seguimiento en el conjunto de España. Sin embargo, entre los espectadores del desfile y en barrios como el madrileño de Salamanca, de tradicional perfil conservador, sí que estuvo muy presente.
Cerca de 5.000 militares, más de 200 vehículos y 86 aeronaves participaron en el desfile, que sirvió para rendir homenaje a los cascos azules de la misión Finul en el Líbano y, en general, a las operaciones internacionales de paz. El Rey envió un mensaje a los miembros de las Fuerzas Armadas en el exterior, en el que les dio la enhorabuena y les agradeció su «servicio a España».
El desfile contó con la presencia de los Príncipes de Asturias, los duques de Lugo y los duques de Palma, que ocuparon un lugar preferente en la tribuna instalada en la plaza de Colón frente a una gigantesca enseña rojigualda.
También estuvieron todos los ministros, salvo la de Medio Ambiente, Cristina Narbona; todos los presidentes autonómicos, menos el lendakari, Juan José Ibarretxe, y el jefe del Ejecutivo de Murcia, Ramón Luis Valcárcel, así como altos representantes del Poder Judicial y de la cúpula militar.
El paso de las banderas de los 27 países que, además de España, participan en la misión Finul constituyó otro de los principales momentos del desfile. Por segundo año consecutivo, desfiló la bandera de EE UU, en calidad de país anfitrión de la ONU, cuya sede principal se encuentra en Nueva York. Sin embargo, no estuvo presente el embajador de Washington en Madrid, Eduardo Aguirre, quien se encuentra de vacaciones.
Al finalizar el desfile, un grupo de personas permaneció en la plaza de Colón con banderas franquistas y cantando el «Cara al sol», himno de los falangistas.