El barquero que nunca le quiso cobrar por cruzar el Eo

José Fraga entabló una gran amistad con Calvo-Sotelo a bordo de su lancha

04.05.2008 | 02:00
José Ramón Fraga, ayer, en la ría del Eo, con Ribadeo al fondo.
José Ramón Fraga, ayer, en la ría del Eo, con Ribadeo al fondo.

Sergio PÉREZ

Figueras (Castropol),

La vida de José Ramón Fraga está estrechamente ligada a la ría del Eo. A sus 77 años no recuerda el día exacto en que empezó a cruzar pasajeros desde los puertos de Figueras y Castropol hasta el de Ribadeo, en Lugo. Muchas personas y muchas historias han desfilado por su barca. De todas ellas, una tiene un especial significado: La del ex presidente del Gobierno Leopoldo Calvo-Sotelo, con quien entabló una cálida amistad, cultivada en las épocas estivales.


José Ramón todavía recuerda los años en los que Calvo-Sotelo cursaba Bachillerato en Ribadeo. «Cuando era joven y estudiaba aquí, sus amigos le llamaban Poldito. Y aunque no era muy guapo, debo reconocer que tenía buena planta», señalaba ayer este veterano marinero.


Fueron muchos los paseos en su lancha, de los que surgió una confianza que se mantuvo en el tiempo. José Ramón define al ex presidente como un hombre sencillo y campechano, además de un gran marinero. «Muchas veces se le podía ver a él solo con su barquito navegar por la costa de Castropol, sin sus guardaespaldas». También recuerda su afición a comer en el restaurante Peñalba, de Figueras. «Cuando era presidente, y a pesar de que tenía a su disposición la lancha de Cruz Roja y otras, se montaba siempre en ésta. Y nunca le cobré, aunque siempre intentase pagar». Tampoco se comportó, añade, en ningún momento con aires majestuosos. «Era como un viajero más».


Son muchas las anécdotas surgidas a lo largo de tantos años de estancia en la villa gallega. De todos ellas, este veterano marino guarda especial simpatía por una: «En una ocasión en la que el bote iba bastante lleno, llegó él con sus guardaespaldas y más gente que se quería subir y, o dejaba en tierra a la mitad para que él subiera, o subían todos. La lancha tenía capacidad para 25 personas y en aquella ocasión montaron 45. Me dijo: "Llevamos una buena barcada, ¿eh, Pepe?"».


«La verdad es que cuando me enteré de su muerte, me impresioné. Era todo un señor. Y Ribadeo tiene que estarle agradecidísimo por todo lo que hizo por el pueblo. Al igual que Figueras», concluyó José Ramón Fraga.

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