(Ex jefe de la Casa Real) (Presidente del Principado) Los encuentros de Anleo Asequible y cordial (Presidente Fundación Príncipe) (Presidente PP de Asturias) (Eurodiputado PSOE)

Calvo-Sotelo era un incondicional del tradicional almuerzo que ofrece todos los veranos Francisco Rodríguez

04.05.2008 | 02:00
(Ex jefe de la Casa Real) (Presidente del Principado) Los encuentros de Anleo Asequible y cordial (Presidente Fundación Príncipe) (Presidente PP de Asturias) (Eurodiputado PSOE)
(Ex jefe de la Casa Real) (Presidente del Principado) Los encuentros de Anleo Asequible y cordial (Presidente Fundación Príncipe) (Presidente PP de Asturias) (Eurodiputado PSOE)

Oviedo, Alejandro ÁLVAREZ

«Era un hombre inteligente, con un sentido del humor muy gallego»


Leopoldo Calvo-Sotelo solía acudir fielmente todos los años, en agosto, al palacio castillo de Anleo para celebrar el final del veraneo con las personalidades más representativas que pasan sus vacaciones en el occidente asturiano.


Al encuentro, organizado por el empresario lácteo Francisco Rodríguez, acuden habitualmente medio centenar de invitados, entre los que sobresalen personalidades del mundo de la empresa, de la cultura, del arte y de la política.


Según Francisco Rodríguez, se trata de una reunión de amigos sin otra consecuencia que la de reunirse en torno a un almuerzo. Lo importante, asegura, es mantener ese espíritu de cordialidad que les ha mantenido juntos hasta ahora y que les ha obligado a coexistir durante años en un terreno de circunstancias comunes en lo empresarial, en lo cultural o en el ámbito político, cargado casi siempre de arenas movedizas.


En la comida de este año, lamentablemente, tendrán que poner un cubierto menos. El triste fallecimiento de Calvo-Sotelo dejará un gran vacío que, según reconocieron ayer algunos de los incondicionales del encuentro, va a ser muy difícil de llenar.


El lugar de la convocatoria, el castillo de Anleo, junto a la factoría de lácteos de Reny Picot, resulta idóneo para el festejo, al estar rodeado de extensiones de praderías que además resaltan la belleza del palacio, por encontrarse éste en un montículo desde donde se divisa todo el valle naviego.


A la reunión del año pasado acudieron ilustres de la talla del director de la Fundación Príncipe, Graciano García; el diputado Álvaro Cuesta, el consejero Graciano Torre, Manolo de la Cera, el directivo Pedro Luis Pérez, Francisco Javier Vallina, Pérez de Castro; el consejero de Educación, José Luis Iglesias Riopedre, y el pintor Manolo Linares.

La noticia de la muerte de Leopoldo Calvo-Sotelo ha llenado de tristeza a cuantas personas le conocían. Resulta arduo encontrar a un ex presidente del Gobierno asequible a cuantos se acercaban a él. Podía resultar difícil al principio, debido a su aparente distanciamiento, pero luego resultaba ser una persona cordialísima con la que uno, en contra de lo que pudiera parecer, podría estar disfrutando sin descanso debido a su sentido del humor y a las muchas anécdotas que contaba. Como cuando relataba su angustia cuando el canciller alemán, basado en las noticias de la prensa, le había colocado un piano para alegrar su estancia en un viaje oficial a aquel país. Calvo-Sotelo recordaba sus apuros para convencer al canciller de que nunca jamás había tecleado un piano y verse liberado de semejante compromiso, que él achacaba a la prensa.


Siempre estuvo muy vinculado al occidente de Asturias. Pronunció el pregón en las fiestas de Tapia poco antes de que su hijo Juan se casase con la tapiega Lucía Fernández. Pronunció conferencias en el casino de Castropol. Una de sus grandes aficiones era pasear en lancha por la ría junto a su mujer, Pilar Ibáñez, de la que se había enamorado en la casa de su suegro, entonces ministro de Educación, con motivo de una revuelta universitaria. La lancha y la ría del Eo era el escenario ideal para sus incursiones, de modo que tan pronto se encontraba en Castropol como en Figueras para recoger un encargo de almejas a la marinera en el restaurante del puerto. Eran los tiempos aquéllos en los que las bermudas de Calvo-Sotelo se hicieron famosas y fueron objeto de burla en todos los lugares de España. Incluso en una ocasión tuvo que ir a recoger al Rey, don Juan Carlos, a la desembocadura de la ría, en donde se encontraba fondeado el yate real, para llevarle a almorzar a su casa de Guimarán. No es de sorprender que al cesar en su cargo como presidente el Rey le nombrase primer marqués de la Ría de Ribadeo.


Pero con todo, lo que más le llenaba de satisfacción es haber impulsado, en su etapa de ministro de Obras Públicas, la construcción del puente de los Santos, uniendo Galicia y Asturias. Y no ocultaba que con esa unión Ribadeo pasase en la práctica a ser la capital indiscutible de la Mariña lucense y del occidente asturiano hasta Luarca.


Cada vez que tenía ocasión solía desplazarse a desayunar a una cafetería de Navia, en donde se le veía disfrutar de las delicatessen del establecimiento.


Hay familias que tienen estrella, o pactos no se sabe con quién. Y los Calvo-Sotelo Bustelo siempre tienen un reemplazo a punto, o dos piezas de repuesto a la vez. Da igual que gobierne la derecha, la izquierda o el centro. Desde que el tío don José, el mártir asesinado en 1936, entró como ministro en la dictadura de Primo de Rivera, siempre su presencia ha sido una constante en los cargos de responsabilidad. Cuando se pensaba que Leopoldo Calvo-Sotelo, que recorrió tres ministerios antes de llegar de rebote a la Presidencia del Gobierno, se desvanecería con la era socialista, allí aparecieron para salvar el vacío su cuñado Fernando Morán dirigiendo la política exterior. Luego, con los populares, el ex presidente consiguió meter a dos hijos en puestos clave del Gobierno. A uno lo llevó Mayor Oreja como subsecretario de Interior, y al otro lo nombró un ex ministro suyo como subsecretario de Fomento. El último fichaje político es el de la ministra de Educación. Mercedes Cabrera, que es hija de un hermana de Calvo-Sotelo.

«Fue una pieza importantísima en la llamada segunda transición»


«Durante la transición se comportó como un autentico hombre de Estado»


«Actuó con inteligencia y templanza durante la transición»


«Un demócrata convencido y una persona especialmente culta»

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