Momentos estelares

20.05.2008 | 02:00
 Momentos estelares
Momentos estelares

La vida, como el teatro, se divide en actos, y éstos en escenas, y éstas en subescenas, y seguiríamos fragmentando hasta dar con la partícula atómica de la existencia: la nada. La filosofía, como la vida, aburre. Pero quisieron los dioses, para romper el tedio a sus criaturas, salpicarles el camino con esos momentos extraordinarios que nutren la memoria. Uno de ellos, por ser el más reciente que a este cristiano le aconteció, es el paso por un quirófano. No como cortador de carnes, cosa a la que estoy acostumbrado, sino como carne para ser cortada. ¡Qué cerca y qué lejos lo uno de lo otro!


Esa mañana no vestí de torero en verde, derecho fui a la habitación de la segunda planta, individual por enchufe, y la mi Geli saca del armario un pijama, mejor un mandilón de muerto, lunares sobre fondo blanco y abertura posterior desde el pescuezo hasta el calcañar. Con la retaguardia al descubierto, no eres nadie, así que me metí en la cama. Llueve, dice la mujer mientras contempla el paisaje. Vaya una vista más guapa que tenéis, me insiste para aligerar peso. La lluvia y sus palabras de consuelo se funden en el mismo sonido. Yo sólo miraba a la puerta, cerrada, la tentación cada vez más fuerte. Recapacita, Manolín. Si de aquí marchas escopetado, mañana saldrá hasta en el periódico: Cirujano escapa medio en pelotas de su hospital, momentos antes de ser intervenido de una hernia inguinal. Aguanté. Se abrió la puerta, sonrisa de enfermera que infunde confianza, me toma la tensión, por las nubes está la cabrona, siempre me delatan esos guarismos, y me tranquiliza diciéndome que no lo tenga en cuenta, que es un registro engañoso, cosa de los nervios. Deja sobre la mesita la pastilla apropiada, mágica, siete miligramos de Midazolam me sacarán del agobio. Al romper el sobrecito, la muy puñetera sale volando. Vista de lince tiene la mi Geli. Toma, anda. Y la tomé, la engullí como si fuera la hostia de la primera comunión. ¡Qué cambio de escena! La vida empezó a sonreírme, hasta leí los titulares de LA NUEVA ESPAÑA. Luego llegó el bueno de Julio, me subí a la camilla, el nuevo R-28. Veía las luces del techo pasar a toda leche, en la curva de los ascensores adelanté a Hamilton por el interior para llegar sin problemas a la chicane de zona quirúrgica, cambio de ruedas en la antesala, con las blandas enfilamos el pasillo de quirófano y cruzamos la línea de meta en primera posición.


Cuando regresó el entendimiento a mis malas entendederas, ya operado, me comentó Tino Pozo que había sido muy simpática mi entrada en el quirófano, haciendo los pajaritos con la mano, como Alonso cuando ganaba carreras. La verdad es que no me acuerdo de nada.

Enlaces recomendados: Premios Cine