Oviedo, L. Á. VEGA
Oviedo / Langreo, L. M. D.
Los policías y los guardias civiles asturianos destinados en Mallorca están tocados después del salvaje atentado de la banda ETA que el jueves costó la vida a los agentes Diego Salva Lezaun y Carlos Sáenz de Tejada. «Estamos mal, un atentado así conmociona a todo el mundo y crea una fuerte sensación de inseguridad», aseguró la ovetense Raquel V., que lleva tres años destinada en Palma. «Estábamos en alerta, se sabía que iba a pasar algo», añadió esta joven agente. La policía relató cómo, después del atentado, todos los efectivos disponibles salieron a la calle buscando con espejos posibles artefactos bajo los vehículos policiales y tratando de seguir la pista a los autores del vil crimen.
«Hay muchísima más vigilancia», aseguró la joven. «En verano vienen a la isla numerosos agentes de la unidad de intervención policial (UIP) de Valencia, Barcelona y Madrid», añadió. Claro que, policialmente, la ovetense no había vivido nada semejante allí, si se exceptúa el huracán que asoló la isla en octubre de 2007.
Otro policía asturiano, el también ovetense Pablo I., fue testigo de primera mano del dolor de las familias de las víctimas. El jueves por la tarde había estado inmerso en labores de prevención, en busca de nuevos artefactos y de vehículos sospechosos. Ayer por la mañana estuvo al pie de los féretros, en la capilla ardiente, velando los cuerpos de los dos asesinados. «No es el mejor sitio para estar, viendo a los familiares destrozados», aseguró el ovetense.
El jueves por la tarde, Mallorca vivió la tensión propia del primer atentado mortal en su historia. La isla estuvo cerrada durante varias horas mientras la Policía trataba de dar con los malnacidos que mataron a los guardias. Se cree que siguen en la isla. «Pueden seguir poniendo bombas. La coincidencia de los atentados de Burgos y Calviá es su forma de decir: "Podemos hacerlo en cualquier momento"», reconoció Pablo I.
El agente aseguró que el atentado del jueves preocupa, y mucho, en la isla y puede perjudicar seriamente al turismo. «A gente como los alemanes y los ingleses puede echarlos para atrás, aunque en verano es cuando más seguro se puede estar en Mallorca. Es cuando hay más controles», señala el policía asturiano. Por eso, por esa presencia policial inusitada, motivada sobre todo por la llegada el pasado sábado de la Familia Real a Mallorca, es por lo que asegura que «ha sido un atentado raro».
Quizás había más conciencia del riesgo entre los agentes de la Benemérita. «Hablé hoy por la mañana (por ayer) con algunos guardias que decían: "Estaba claro que nos iban a poner un petardazo"», añade el agente ovetense.
Las manifestaciones de repulsa contra el atentado de ETA en Mallorca recorrieron ayer Asturias. Tras participar en una concentración a las puertas de la Junta General del Principado, el presidente del Gobierno regional, Vicente Álvarez Areces, auguró que los asesinos «acabarán en la cárcel inexorablemente». Un centenar de políticos y ciudadanos se dio cita ante el edificio del Parlamento en un acto que, tras cinco minutos de silencio, culminó con una gran ovación. A juicio de Areces, la banda terrorista está cada vez «más aislada» y actuó «con desesperación y cobardía». «Los demócratas somos más fuertes que ETA y el pueblo español no está dispuesto a que el chantaje sea lo que predomine en la política española», apuntó. «Vivimos y viviremos en libertad, porque nos ha costado mucho conseguirla», apostilló.
«Esta batalla la vamos a ganar con dolor y sufrimiento desde la unidad y el entendimiento entre los partidos políticos», manifestó el presidente regional del PP, Ovidio Sánchez.
El delegado de Gobierno en Asturias, Antonio Trevín, condenó el atentado y aseveró que actos de este tipo sólo sirven «para poner a la sociedad aún más en su contra». Trevín, que participó en el inicio de las obras del nuevo cuartel del instituto armado en Langreo, intuye que la campaña iniciada por la banda terrorista contra la Guardia Civil se debe, principalmente, «a la eficacia de las actuaciones de este cuerpo contra sus acciones, con constantes detenciones y desarticulaciones de su aparato militar en los últimos meses». El delegado del Gobierno mostró «todo el apoyo de la sociedad asturiana» a las familias de las víctimas del atentado y a toda la Guardia Civil, «que está cumpliendo con su trabajo a la perfección. El único futuro que les queda a los terroristas, a los que ponen las bombas, es la cárcel». Respecto a una posible mejora de las medidas de seguridad en los cuarteles, Trevín explicó que éstas son «las que toman los responsables del cuerpo y, en todo caso, si se tomaran medidas extraordinarias, no podríamos comentarlas. Sería ayudar a quienes quieren acabar con la democracia».