FERNANDO LASTRA VALDÉS
PORTAVOZ DEL GRUPO SOCIALISTA EN LA JUNTA GENERAL
Don Mariano Rajoy se ha marchado de vacaciones anunciando que, oficialmente, el PP «ha finalizado su travesía hacia la centralidad política y está listo para pactar con el PNV, CiU o el BNG».
Preguntémonos cuáles son hoy las razones que impiden al PP pactar con fuerzas políticas nacionalistas ¿Son acaso de índole ideológica o moral, político-formales o sencillamente una distancia en los planteamientos políticos que lo hacen imposible?
Hagamos memoria: Aznar logra la investidura como presidente del Gobierno en 1996 tras un acuerdo político con CiU (pacto del Majestic) y con el PNV, entre otros. Si seguimos haciendo memoria nos encontramos con que de aquel pacto se derivaron consecuencias de relevancia política para este país: un acuerdo de financiación autonómica con cesión de impuestos con capacidad normativa; modificaciones legales que dieron lugar a revisiones del concepto de autonomía, de gran calado (véase la idea de autonomía portuaria y sus repercusiones sobre el sistema portuario español); acuerdos sobre fiscalidad, la negociación del cupo vasco. Eran otros tiempos, que llevaban a afirmar al señor Arzalluz que «... habían conseguido más con el PP en 15 días que con Felipe González en 15 años...».
Este recuerdo descarta la existencia de una incapacidad política, de naturaleza ideológica o moral para que el PP pueda pactar con fuerzas políticas de corte nacionalista. Luego, las cosas se explicarán de otro modo: el PP pacta con nacionalistas cuando culmina uno de sus recurrentes viajes al centro, que suele coincidir con una fase de minoría para gobernar, y le sobreviene su incapacidad cuando goza de mayoría suficiente. Es entonces cuando deja de hablar catalán en la intimidad para criminalizar o estigmatizar al nacionalismo, vuelve a verlo como cómplice de asesinos, o responsable de romper España.
Yo más bien me inclino a pensar que en esta actitud hay mucho de hipocresía y otro tanto de oportunismo. Con la hipocresía se escandalizan ante los acuerdos a los que puedan llegar los socialistas y con el oportunismo manifiesta la verdadera naturaleza de su actitud política: hacer de la necesidad virtud, sólo son capaces de acordar con los nacionalistas cuando no tienen mayoría suficiente. En caso contrario, a las pruebas me remito.
Ahora bien, ¿cómo explicarlo a su base social? No se pasa, sin caer en la esquizofrenia política, de machacar a sus afiliados y simpatizantes con un discurso tremendista, de que son malos-malísimos, a lo contrario, a que pelillos a la mar, esto es conveniente para España.
Creo que el PP divide su discurso de manera singular. Rajoy se encarga de lo estratégico: «Ya hemos concluido la travesía centrista y podemos pactar» y su infantería mediática de lo táctico: sus medios escritos y audiovisuales se encargan de la fase de descompresión, manteniendo el discurso duro y agresivo: y así nos encontramos a tertulianos, articulistas y opinadores ocasionales dándole a la matraca del terrorismo, del agravio territorial del anticatalanismo...
Mariano Rajoy ya expresó su plan, si bien deberá superar algún escollo: el de la credibilidad ante los pretendientes al pacto. Habrá que esperar al pronunciamiento sobre el Estatut, que, mira por dónde, está en el Constitucional debido, principalmente, al recurso presentado por el PP; y el de la moderación, poco compatible con este último ataque de «fuenteovejunismo», el «todos somos Cospedal», esto es, todos acusamos sin pruebas. Va a ser digno de ver cómo el PP lleva a las instituciones europeas la acusación de que son espiados... por ellos mismos.
No obstante, esta nueva disposición al acuerdo, expresada por el señor Rajoy, es una noticia de gran alcance y que, indudablemente, conllevará pronunciamientos y movimientos en la estrategia política de los demás, especialmente de los partidos nacionalistas. Pero lo más importante es que debería provocar un cambio radical en el discurso del PP, permitir un debate menos crispado con aquellos que tienen opiniones políticas distintas, pero que son sólo eso, distintas, y por tanto exigen de los que piensan de otra forma ingenio y capacidad para argumentar en contrario.
Celebremos que el PP haya culminado, una vez más, su viaje al centro. Pero no me resisto a recordar aquella broma de Alfonso Guerra: «¡Si llevan 30 años viajando al centro! ¿De dónde venían éstos?».