Gijón, J. MORÁN
Ninguno de los dos generales, Sabino Fernández Campo y Alfonso Armada Comyn, han roto el juramento recíproco que se hicieron durante una acalorada conversación telefónica en la noche del 23-F, con el Congreso tomado por la Guardia Civil del coronel Antonio Tejero y los tanques de Milans del Bosch circulando por Valencia.
El ovetense Fernández Campo se comprometió a no revelar lo que en un repunte de vehemencia durante aquel intercambio le acababa de decir Armada: «Tengo el apoyo de los socialistas». Por su lado, el gallego Armada -aunque con ascendencia jovellanista asturiana- aseguró que no daría esa noche ningún paso «en nombre del Rey».
Sin embargo, el silencio sobre el apoyo del PSOE al general Armada acaba de ser quebrantado por el ex presidente de la Generalitat Jordi Pujol, cuyo libro «Memorias II. Tiempos de construir (1980-1993)» vio ayer la luz en catalán y lo hará el próximo día 14 de octubre en castellano.
Cuenta Pujol que a finales del verano de 1980 recibió en su domicilio de Premià de Dalt (Barcelona) a Enrique Múgica, entonces «número tres» socialista, como secretario de relaciones políticas del partido. Múgica le comentó a Pujol que el Gobierno de Adolfo Suárez debía ser sustituido por otro que encabezase un militar de «mentalidad democrática».
Múgica, Defensor del Pueblo en el presente, se revolvió ayer contra Pujol en una entrevista de Radio Euskadi recogida por «Europa Press», y aseguró que el relato del ex presidente catalán era «una ocurrencia inventada» y «una inventiva».
Por otro lado, preguntado al respecto, Sabino Fernández Campo manifestó a LA NUEVA ESPAÑA no tener «ni idea» acerca de lo afirmado por Jordi Pujol. Lo mismo manifestó días atrás a este periódico Alfonso Armada: «No sé qué decir; no sé nada».
El pacto entre los generales sigue vigente 28 años después.
No obstante, el 23 de febrero de 1981, «hacia las nueve de la noche, Sabino mantuvo una larga y sustanciosa conversación con Armada. El Rey, que había hablado durante varios minutos con Armada y con Gabeiras [jefe del Estado Mayor del Ejército], le había pasado el teléfono a su secretario». Lo narra Manuel Soriano en su libro «La sombra del Rey», una biografía de Fernández Campo reeditada en 2008. El general asturiano nunca ha declarado dicho libro como biografía autorizada, pero tampoco la ha desautorizado.
En dicha conversación Armada le pinta a Fernández Campo un oscuro panorama de la tensión el en Congreso y de las capitanías militares dispuestas a seguir a Milans del Bosch. A continuación, propone al secretario de la Casa del Rey que él mismo entrará en el Congreso en nombre del Rey, liberará a los diputados y propondrá un Gobierno de coalición. Armada agrega que «aunque consciente de sus limitaciones y falta de cualidades, está decidido a presidirlo como un sacrificio», siempre según el relato de Manuel Soriano. Entonces Fernández Campo objeta que «no sería aceptable un Gobierno que se formara bajo la amenaza de las metralletas, que no tendría legitimidad democrática». Es en ese momento cuando Armada apela al apoyo manifiesto del PSOE a un Gobierno de concentración nacional, compuesto por políticos de todos los partidos y por militares.
Precisamente Enrique Múgica y otros líderes del PSOE se habían reunido en octubre de 1980 durante cuatro horas, en Lérida, con el entonces gobernador militar de esa plaza, Alfonso Armada. La progresiva agonía del Gobierno Suárez fue uno de los asuntos de la conversación.