Oviedo
Los jóvenes que se incorporan a ETA con el único bagaje de haber participado en la «kale borroka» (violencia callejera) no dan buen resultado en el interior de la banda, según se desprende de la documentación relativa a normas de ingreso y funcionamiento en la organización incautada en abril pasado al responsable del aparato de falsificación etarra, Ekaitz Sirvent.
La mayoría de estos jóvenes deciden ingresar en la banda, informó ayer la cadena Ser, para evitar penas de cárcel por violencia callejera, lo que consiguen huyendo a Francia. ETA considera que antes de convertirse en miembros de la banda los neófitos deben pasar un período a este lado de la frontera trabajando como meros colaboradores.
La documentación incautada a Sirvent explica también que las etarras que decidan ser madres tendrán que abandonar la banda terrorista, ya que la clandestinidad se considera incompatible con dar a luz y criar a un hijo. Las normas incluyen también un apartado relativo a las relaciones de los etarras con sus familiares: una vez pasados a la clandestinidad, se les permite pasar un período de quince días con sus parientes una vez cada cinco años. Esta dura directriz implica, sin embargo, una relajación con respecto a épocas anteriores y está motivada por la dificultad para reclutar nuevos miembros.