Vigo / Oviedo
Familiares de los tripulantes gallegos del atunero vasco «Alakrana» partieron ayer de Vigo hacia las islas Seychelles para encontrarse con los liberados. Los familiares de los tripulantes vascos rechazaron una idéntica oferta del Gobierno español.
El grupo partió del aeropuerto de Vigo a las 11.40 horas a bordo de un avión de la compañía Air Europa hacia Madrid, donde tenía previsto tomar otro fletado por el Gobierno rumbo a Puerto Victoria, capital de las Seychelles.
Entre los familiares figuraban Silvia Albés, mujer del marinero Pablo Costas, quien indicó que había tenido una conversación telefónica con su marido, quien le dijo que sus compañeros están «nerviosos» y deseosos de ver a sus familiares. «Pienso besarlo, abrazarlo y lo que haga falta», confesó entre risas, al tiempo que afirmó que su cuñado, que relevará a Costas, está «nervioso» y «con ganas de ver a su hermano», motivo por el que la empresa le ha permitido retrasar su partida hasta el lunes.
También apuntó que el «Alakrana» dispondrá de «cuatro mercenarios o agentes de seguridad» a bordo para repeler posibles ataques de piratas, y dijo que, a pesar de todo, «miedo siempre tienen». La esposa de Costas, única pariente de los tripulantes que hizo declaraciones a los periodistas, resaltó que «pensó» si era oportuno efectuar el viaje, porque hay «muchas horas de vuelo», pero dijo que prefiere acompañar a su marido en su viaje de regreso a Galicia, que se prevé para esta noche.
Por su parte, el portavoz del PNV en el Congreso, Josu Erkoreka, auguró que el Gobierno convertirá la llegada de los marineros, prevista para mañana, en un «aluvión propagandístico», al igual que, sostuvo, hizo con el secuestro del «Playa de Bakio».
En un artículo de su página personal de internet, Erkoreka afirma que la imagen de la llegada de los tripulantes a Torrejón será «conmovedora, enternecedora y emocionante», porque «las mismas ministras que soltaron perlas como que el riesgo de secuestro forma parte del sueldo ordinario de los pescadores, o aquella otra de que el Ejecutivo se ha gastado ya suficiente dinero en su seguridad, se acercarán a la escalerilla del avión para abrazarles efusivamente y hacer ver a la opinión pública que el Gobierno, inasequible al desaliento, se ha encontrado siempre al pie del cañón».